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supuesto fantasma en la casa de una amiga


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Asiduo
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Registrado: Lun Sep 27, 2010
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NotaPublicado: Sab Abr 30, 2011 2:00 am    Asunto: supuesto fantasma en la casa de una amiga

Bueno empiezo a contar como sucedieron las cosas así se entiende , mi amiga esta casada y tiene un nene de 6 años años viven en una casa grande con dos dormitorios , ella y su marido duermen en uno y el nene duerme en otro , según ella hace más o menos un mes estaba acostada cuando se despertó para ir al baño (el baño queda al lado de la habitación del hijo) cuando pasa por la habitación del hijo escucha ruido , enseguida se asoma y ve la tele prendida y supuestamente a su hijo sentado en el piso , prende la luz para retarlo porque era tarde para estar mirando la tele cuando mira bien ve que su hijo estaba acostado y el que estaba sentado en el piso era otro nene , se asusto mucho y empezó a gritar , despertó al marido a su hijo y cuando miro de nuevo el otro nene no estaba.Todo quedo ahí la explicación lógica que encontraron es que quizás estaba dormida y le pareció ver algo , no volvió a pasar de nuevo y no comentaron nada.

El sábado pasado nos juntamos un grupo de amigos en la casa de ella , estábamos en el patio charlando y el novio de otra amiga va al baño vuelve a los minutos pálido y nos dice que cuando paso para ir al baño había un nene parado en la puerta de la habitación del hijo de mi amiga ,
primero nos reímos pensamos que nos quería asustar , pero mi amiga ahí nos contó que ella había visto un nene la otra noche , cuando le pregunta como era , el novio de la otra chica lo describe y era el mismo que había visto ella; obviamente quedamos todos un poco consternados no sabíamos si creer o no pero bueno ellos juraban que lo habían visto , termino la reunión y el nene no apareció de nuevo , yo antes de irme le dije que se quede tranquila que no iba a pasar nada.
Transcurrió la semana sin nada raro , pero hoy me llama alterada y me dice que la fue ha visitar la cuñada con sus dos hijos , me cuenta que el sobrinito que tiene 4 años se quedo dormido y lo acostaron en la habitación de ella , los otros dos nenes ( el hijo de mi amiga y el sobrinito ) estaban jugando en el patio , ella estaba con la cuñada tomando mate charlando , cuando escuchan al chiquito que estaba dormido que gritaba desesperado : "mamá mamá " , lo van a ver y no paraba de llorar estaba asustado , le preguntaban que había pasado pero no contestaba , paso un rato hasta que se calmo un poco pensaron que había tenido una pesadilla , entonces el chiquito les cuenta que el estaba durmiendo , y que un nene lo despertó y le dijo que no tenga miedo , cuando mi amiga le pregunta cómo era ese nene , el sobrinito le describe al mismo que había visto ella.
Me pidió consejo que podía hacer , y yo la verdad le dije que no sé que se puede hacer en esos casos , si tiene que ir a ver a un cura para que le bendiga la casa , o si tiene que seguir así sin hacer nada.
Bueno espero que se haya entendido lo que escribí y sí alguien me puede orientar a ver que se puede hacer , porque la verdad mi amiga está muy angustiada.



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Registrado: Sab Nov 06, 2010
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NotaPublicado: Lun May 02, 2011 10:22 am    Asunto: Re: supuesto fantasma en la casa de una amiga



¡Hola cheles!

No has mencionado si la casa a que te refieres es propiedad de tu amiga, o es heredad, o es una casa alquilada.
Si ha sido desde el principio de ella, o alguien de la familia se la vendiò, o se la cediò para que viviera en ella, o la heredò; entonces deberìa de saber si en esa casa muriò un niño con la apariencia que describen.

En el caso de que la casa la haya alquilado tu amiga, entonces deberìa averiguar con los dueños, eso mismo.

¡Claro! El saber que un niño muriò en la casa, no va a terminar con el problema sòlo por eso, pero ayudarìa a enfrentarlo.
Si los padres del niño que es el màs afectado quieren, no hace ningùn mal buscar que bendigan la casa. En el caso de que despuès de la bendiciòn el fenòmeno persiste, que busque ayuda psìquica para que algùn facultado dialogue con el niño que aparece. Pero esa ayuda que sea de una instituciòn seria y no de charlatanes o brujos.

Si tu amiga, el hijo de ella, y algunas visitas han visto al niño extraño en la casa, no podrìamos decir que se trata de una videncia. El niño està materializando y para que ese fenòmeno se dè, debe haber en la casa un mèdium de efectos fìsicos para que un espìritu materialice.

Si la entidad espiritual con apariencia de niño no ha causado ningùn mal, salvo el susto hasta normal de ver un niño en donde no debe estar, no hay que atemorizarse por ello. Para los espìritus no hay impedimentos de puertas ni ventanas y pueden estar donde quieren. Si este niño pasò por casa de tu amiga en un momento que el hijo de ella estaba viendo la tele, le gustò y se quedò en la casa.

Esas son las posibilidades. Tanto como haya muerto en esa casa o sòlo sea una entidad que pasò por allì y se quedò, hay que procurar que abandone la casa porque ya no debe estar allì, y para eso hay que dialogar con èl, y eso sòlo puede hacerlo un psìquico. Digo, en caso que la bendiciòn que busque tu amiga no de resultados.

Saludos.


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NotaPublicado: Lun May 02, 2011 8:37 pm    Asunto: Re: supuesto fantasma en la casa de una amiga

Perdón... los guiones de película de terror tienen algo que ver con la espiritualidad, la filosofía y la religión? :shock:


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NotaPublicado: Lun May 02, 2011 8:41 pm    Asunto: Re: supuesto fantasma en la casa de una amiga

Me pregunto por qué motivo un nene de 4 años años se asustaría terriblemente por el simple hecho de que otro nene lo despierte... :shock:


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NotaPublicado: Lun May 02, 2011 8:41 pm    Asunto: Re: supuesto fantasma en la casa de una amiga

:shock:


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NotaPublicado: Lun May 02, 2011 9:06 pm    Asunto: Re: supuesto fantasma en la casa de una amiga

Hola Josericardo , gracias por tu respuesta le pase por mail tu mensaje a mi amiga para que vea las posibles soluciones.

Joselia gracias por tu aporte , te cuento que no es guión de película de terror , no sé tampoco porque el sobrino de mi amiga se asusto al ver otro nene .Te cuento que el motivo del post que inicie fue porque note que mi amiga estaba preocupada por lo que le había pasado y yo al no saber cómo ayudarla , lo comente aquí para encontrar alguna respuesta o sí alguien había pasado por algo igual para poder ayudar a mi amiga. Tampoco sabía si colocarlo aquí pero ya que en otros post se hablaba de hadas , del diablo , creí que poner un post sobre un supuesto fantasma no estaba mal ubicado aquí.


Yo particularmente no creo en los fantasmas , nunca vi ningunno , sólo queria ayudar a una amiga.


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NotaPublicado: Lun May 02, 2011 9:17 pm    Asunto: Re: supuesto fantasma en la casa de una amiga

Hola cheles... un gusto. Una solución a la sugestión es, por ejemplo, no hablar acerca de estas cosas a niños pequeños. Y con respecto a tu amiga, más la ayudarías preguntándole qué le está pasando, que avivando con tu investigación, lo que pudiera ser producto de otros problemas, que no tienen que ver con fantasmas, pero que tal vez, pueden manifestarse de esa forma.

Saludos


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NotaPublicado: Mar May 03, 2011 12:31 am    Asunto: Re: supuesto fantasma en la casa de una amiga

Quizás no leíste todo lo que explique en el primer mensaje, primero cuando mi amiga vio al nene extraño, el hijo de ella estaba durmiendo y si bien ella se asusto no le dijo nada al hijo de lo que había visto para no asustarlo. También explique que cuando el marido al escuchar el grito de mi amiga fue a ver que pasaba no había nadie en la habitación de su hijo, y que después de comentarle lo que ella había visto llegaron a la conclusión de que a ella quizás le había parecido ver algo y como no le volvió a pasar de nuevo no le dio importancia y no comento nada. Después ella sola no vio a ese nene , lo vio el novio de otra chica que es más era la primera vez que iba a la casa y no tenia conocimiento del hecho en cuestión , después de que este chico vio al extraño nene mi amiga nos contó lo que le había pasado , y al sobrino de ella tampoco le dijeron nada del supuesto fantasma , precisamente para no asustarlo, sí lo hubiera visto ella sola estoy de acuerdo que me preocuparía porque le estuviera pasando algo ,¿ pero entonces el novio de la otra chica que lo vio ? que no sabia nada del tema , vuelvo a repetir , mi amiga comento lo que le había pasado después de que este chico vino a donde estábamos y contó lo que había visto.

Agradezco tu opinión. Saludos.



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NotaPublicado: Mar May 03, 2011 4:52 pm    Asunto: Re: supuesto fantasma en la casa de una amiga



Para cheles:

No has expuesto el caso de tu amiga en una secciòn equivocada. La secciòn se titula: "Filosofìa, Religiòn y ESPIRITUALIDAD."

ESPIRITUALIDAD es una palabra derivada de ESPÌRITU. Espìritu deriva del latìn SPIRITUS que significa: "Ser inmaterial dotado de razòn// Alma racional."

No existe otra secciòn en el Foro en donde puedas ventilar un asunto como èste.

Saludos.


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NotaPublicado: Mié May 04, 2011 1:05 am    Asunto: Re: supuesto fantasma en la casa de una amiga

Filosofía, Religión y Espiritualidad
Debates filosóficos, religiosos y espirituales, sus teorías y fundamentos. La existencia, el bien, el mal, Dios, conciencia, ética, moral.


Y me sigo preguntando... qué tiene de terrorífico "ver un nene"... ? :shock:


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NotaPublicado: Mié May 04, 2011 1:54 am    Asunto: Re: supuesto fantasma en la casa de una amiga

Joselia , la verdad no me interesa tu critica burlona sobre el tema , sí no tienes nada para aportar referente al caso en cuestión te pediría que no lo hagas . Respeto tu postura de no creer en el asunto , pero no por eso tienes que ser en tono sarcástico poniendo que era un guión de película de terror. No sé si tendra algo " terrorífico " ver a un nene que sabes que no pertenece al lugar , pero si es algo perturbador ver algo que no sabes que es , si no sabes sabes si es algo malo o bueno y no puedes comprender.


Yo no vi nada raro en la casa de mi amiga , y lo único que buscaba era saber sí alguien había tenido alguna experiencia similar.


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NotaPublicado: Jue May 05, 2011 9:18 pm    Asunto: Re: supuesto fantasma en la casa de una amiga

CAPÍTULO VII
LA EXPLICACIÓN DE LOS FENÓMENOS

Aunque nuestra intención no sea explicar especialmente los fenómenos del espiri-tismo, debemos hablar al menos sumariamente de su explicación, aunque no sea más que para mostrar que se puede prescindir perfectamente de la hipótesis espiritista, an-tes de aportar contra ésta razones más decisivas. Por lo demás, hacemos observar que no es un orden lógico el que entendemos seguir en esto: fuera de toda consideración relativa a los fenómenos, hay razones plenamente suficientes para rechazar de una manera absoluta la hipótesis de que se trata; al establecer la imposibilidad de ésta hipótesis, es menester, si no se tiene otra explicación enteramente adecuada para dar cuenta de los fenómenos, decidirse a buscar una. Puesto que la mentalidad de nuestra época está vuelta sobre todo del lado experimental, estará mejor preparada, en mu-chos casos, a admitir que una teoría es imposible y a examinar sin ninguna toma de partido las pruebas que se den de ello, si se le ha mostrado primero que la teoría es inútil, y que existen otras susceptibles de reemplazarla ventajosamente. Por otro lado, importa decir de inmediato que muchos de los hechos de que se trata, si no todos, no dependen de la ciencia ordinaria, no podrían entrar en los estrechos cuadros que los modernos le han fijado a ésta, y que están, en particular, enteramente fuera del domi-nio de la fisiología y de la psicología clásica, contrariamente a lo que piensan algu-nos psiquistas que se ilusionan enormemente a este respecto. Puesto que no sentimos ningún respeto por los prejuicios de la ciencia oficial, no estimamos que tengamos que excusarnos de la aparente extrañeza de algunas de las consideraciones que van a seguir; pero es bueno prevenir a los que, en razón de los hábitos adquiridos, podrían tomarlas por demasiado extraordinarias. Todavía una vez más, todo eso no quiere decir que acordemos a los fenómenos psíquicos el menor carácter «transcendental»; por lo demás, ningún fenómeno, de cualquier orden que sea, tiene en sí mismo un tal carácter, pero eso no impide que haya muchos de ellos que escapan a los medios de acción de la ciencia occidental moderna, que no está tan «avanzada» como lo creen sus admiradores, o que al menos no lo está más que sobre puntos muy particulares. La magia misma, por el hecho de que es una ciencia experimental, no tiene absolu-tamente nada de «transcendente»; lo que por el contrario puede considerarse como tal, es la «teurgia», cuyos efectos, inclusive cuando se parecen a los de la magia, di-fieren totalmente en cuanto a su causa; y es precisamente la causa, y no el fenómeno que produce, la que es entonces de orden transcendente. Permítasenos, para hacernos comprender mejor, tomar aquí una analogía a la doctrina católica (y hablamos solo de analogía y no de asimilación, puesto que no nos colocamos en el punto de vista teológico): hay fenómenos, enteramente semejantes exteriormente, que han sido constatados en santos y en brujos; ahora bien, es bien evidente que es solo en el pri-mer caso que se les puede atribuir un carácter milagroso y propiamente «sobrenatu-ral»; en el segundo caso, todo lo más pueden llamarse «preternaturales»; no obstante, si los fenómenos son los mismos, es porque la diferencia no reside en su naturaleza, sino únicamente en su causa, y es únicamente del «modo» y de las «circunstancias» de donde tales fenómenos sacan su naturaleza sobrenatural. No hay que decir que, cuando se trata del psiquismo, ninguna causa transcendente podría intervenir, ya sea que se consideren los fenómenos provocados ordinariamente por las prácticas espiri-tistas, o los fenómenos magnéticos e hipnóticos, o todos aquellos que les están más o menos conexos; así pues, no vamos a preocuparnos aquí de las cosas de orden trans-cendente, y eso quiere decir que hay cuestiones, como las de los «fenómenos místi-cos» por ejemplo, que pueden permanecer enteramente fuera de las explicaciones que vamos a considerar. Por otra parte, no vamos a examinar todos los fenómenos psí-quicos indistintamente, sino solo aquellos que tienen alguna relación con el espiri-tismo; y todavía podríamos, entre éstos últimos, dejar de lado aquellos que, como los fenómenos de «encarnación» que ya hemos mencionado, o como los que producen los «médiums curanderos», se reducen en realidad, ya sea a la sugestión, o ya sea al magnetismo propiamente dicho, puesto que es manifiesto que se explican muy sufi-cientemente fuera de la hipótesis espiritista. No queremos decir que no haya ninguna dificultad en la explicación de los hechos de este orden, pero los espiritistas no pue-den pretender anexarse todo el dominio del hipnotismo y del magnetismo; por lo demás, es posible que esos hechos se encuentren, como por añadidura, algo más es-clarecidos por las indicaciones que daremos a propósito de los otros.
Después de estas observaciones generales, indispensables para plantear y delimi-tar la cuestión como debe serlo, podemos recordar las principales teorías que han si-do emitidas para explicar los fenómenos del espiritismo; hay un número bastante elevado, pero el Dr. Gibier ha creído poderlas reducir a cuatro tipos ; su clasifica-ción no carece de defectos, lejos de eso, pero puede servirnos de punto de partida. La primera, a la que llama «teoría del ser colectivo», se definiría así: «Un fluido especial se desprende de la persona del médium, se combina con el fluido de las personas pre-sentes para constituir un personaje nuevo, temporario, independiente en una cierta medida y que produce los fenómenos conocidos». Después viene la teoría «demonia-ca», según la cual «todo es producido por el diablo o sus secuaces», y que viene en suma a asimilar el espiritismo a la brujería. En tercer lugar, hay una teoría que el Dr. Gibier llama grotescamente «gnómica», según la cual «existe una categoría de seres, un mundo inmaterial, que vive al lado nuestro y que manifiesta su presencia en cier-tas condiciones: estos seres han sido conocidos en todos los tiempos bajo el nombre de genios, hadas, silvanos, duendes, gnomos, trasgos, etc.»; no sabemos por qué ha escogido los gnomos más bien que otros para dar una denominación a esta teoría, a la cual vincula la teoría de los teosofistas (atribuyéndola falsamente al budismo), que pone los fenómenos en la cuenta de los «elementales». Finalmente, hay la teoría espi-ritista, según la cual «todas esas manifestaciones son debidas a los espíritus o a las almas de los muertos, que se ponen en relación con los vivos, manifestando sus cua-lidades o sus defectos, su superioridad o, al contrario, su inferioridad, enteramente como si todavía vivieran». Cada una de estas teorías, salvo la teoría espiritista que es la única absurda, puede contener una parte de verdad y explicar efectivamente, no todos los fenómenos, pero sí algunos de entre ellos; el error de sus partidarios respec-tivos es sobre todo ser demasiado exclusivos y querer reducirlo todo a una teoría úni-ca. En cuanto a nos, no pensamos que todos los fenómenos sin excepción deban ex-plicarse necesariamente por una u otra de las teorías que acaban de ser enumeradas, puesto que en esta lista hay omisiones y confusiones; por lo demás, no somos de los que creen que la simplicidad de una explicación es una garantía segura de su verdad: ciertamente se puede desear que sea así, pero las cosas no están obligadas a confor-marse a nuestros deseos, y nada prueba que deban estar ordenadas precisamente de la manera que sería más cómoda para nosotros o más propia para facilitar nuestra com-prehensión; un tal «antropocentrismo», en numerosos sabios y filósofos, supone ver-daderamente muchas ingenuas ilusiones.
La teoría «demoniaca» tiene el don de poner especialmente fuera de sí a los espi-ritistas tanto como a los «cientificistas», puesto que unos y otros hacen igualmente profesión de no creer en el demonio; para los espiritistas, parece que no debe haber en el «mundo invisible» otra cosa que seres humanos, lo que constituye la limitación más inverosímilmente arbitraria que se pueda imaginar. Como tendremos que expli-carnos más adelante sobre el «satanismo», no insistiremos en él por el momento; solo haremos observar que la oposición a esta teoría, que apenas es menor en los ocultis-tas que en los espiritistas, se comprende mucho menos de su parte, puesto que admi-ten la intervención de seres bastante variados, lo que prueba que sus concepciones son menos limitadas. Desde este punto de vista, la teoría «demoniaca» podría aso-ciarse de una cierta manera a la que el Dr. Gibier llama «gnómica», puesto que, en una y en otra, se trata de una acción ejercida por seres no humanos; nada se opone en principio, no solo a que haya tales seres, sino también a que sean tan diversificados como es posible. Es muy cierto que, casi en todos los pueblos y en todas las épocas, se ha tratado de seres tales como los que menciona el Dr. Gibier, y eso no debe ser sin razón, ya que, cualesquiera que sean los nombres que se les ha dado, lo que se di-ce de su manera de actuar concuerda sorprendentemente; solamente, no pensamos que jamás hayan sido considerados como propiamente «inmateriales», y por lo demás la cuestión, bajo este aspecto, no se planteaba exactamente de la misma manera para los antiguos que para los modernos, puesto que las nociones mismas de «materia» y de «espíritu» han cambiado grandemente de significación. Por otra parte, la manera en que esos seres han sido «personificados» se refiere sobre todo a las concepciones populares, que más bien que expresar una verdad la recubren, y que corresponden más bien a las apariencias manifestadas que a la realidad profunda; y es un semejante «antropomorfismo», de origen enteramente exotérico, lo que se puede reprochar también a la teoría de los «elementales», que verdaderamente se deriva de la prece-dente, que es, si se quiere, una de sus formas modernizadas. En efecto, los «elemen-tales», en el sentido primero de esta palabra, no son otra cosa que los «espíritus de los elementos», que la antigua magia dividía en cuatro categorías: salamandras o es-píritus del fuego, silfos o espíritus del aire, ondinas o espíritus del agua y gnomos o espíritus de la tierra; bien entendido, esta palabra «espíritus» no se tomaba entonces en el sentido de los espiritistas, sino que designaba seres sutiles, dotados solo de una existencia temporaria, y que no tienen por consiguiente nada de «espiritual» en la acepción filosófica moderna; no se trata pues más que de la expresión exotérica de una teoría sobre cuyo verdadero sentido volveremos después. Los teosofistas han acordado una importancia considerable a los «elementales»; ya hemos dicho en otra parte que Mme Blabatsky debió verosímilmente esta idea a George H. Felt, miembro de la H. B. of L., que la atribuía, por lo demás gratuitamente, a los egipcios. Después, esta teoría fue más o menos difundida y modificada, tanto por los teosofistas mismos como por los ocultistas franceses, que se la apropiaron manifiestamente, pretendien-do no deberles nada; por lo demás, es de esas sobre las que las ideas de estas escuelas jamás estuvieron bien fijadas, y no querríamos encargarnos de conciliar todo lo que se ha dicho de los «elementales». La masa de los teosofistas y de los ocultistas se quedan en la concepción más groseramente antropomórfica; pero los hay que han querido dar a la teoría un matiz más «científico», y que, careciendo completamente de datos tradicionales para restituirle su sentido original y esotérico, la han acomoda-do simplemente a las ideas modernas o a los caprichos de su propia fantasía. Así, unos han intentado identificar los «elementales» a las mónadas de Leibnitz ; otros los han reducido a no ser más que fuerzas «inconscientes», como Papus para quien son además «los glóbulos sanguíneos del Universo» , o incluso a simples «centros de fuerzas», al mismo tiempo que a «potencialidades de los seres» ; otros todavía han creído ver en ellos «embriones de almas animales o humanas» ; hay también algunos que, en un sentido muy diferente, han llevado la confusión hasta asimilarlos a las «jerarquías espirituales» de la kabbala judía, de donde resultaría que es menester comprender bajo este nombre de «elementales» a los ángeles y a los demonios, a los cuales se pretende así hacer «perder su carácter fantasioso» . Lo que es sobre todo fantasioso, son esos ensamblajes de concepciones disparatadas a las que los ocultistas estás acostumbrados; aquellas donde se encuentra algo de verdad no les pertenecen en propiedad, sino que son concepciones antiguas más o menos mal interpretadas, y los ocultistas parecen haber tomado como tarea, sin duda involuntariamente, embrollar todas las nociones más bien que esclarecerlas o poner-las en orden.
Un ejemplo de estas falsas asimilaciones ya nos ha sido proporcionado por la teo-ría de los «cascarones astrales», que el Dr. Gibier ha olvidado completamente en su nomenclatura, y que es también una apropiación hecha por el ocultismo al teosofis-mo; como ya hemos restablecido más atrás el verdadero sentido de aquello de lo que esta teoría no es más que una deformación, no vamos a volver más sobre ello, pero recordaremos que solo de la manera que hemos indicado entonces se puede admitir en algunos fenómenos una intervención de los muertos, o más bien de un simulacro de intervención de los muertos, puesto que su ser real no está de ninguna manera in-teresado en ello y no es afectado por esas manifestaciones. En cuanto a la teoría de los «elementales», sobre la que el ocultismo y el teosofismo no se diferencian más claramente que sobre las precedentes, aparece como extremadamente flotante, con-fundiéndose a veces con la de los «cascarones», y yendo por lo demás, y lo más fre-cuentemente, hasta identificarse con la hipótesis espiritista misma, a la que aporta so-lamente algunas restricciones. Por una parte, Papus ha escrito esto: «Lo que el espiri-tista llama un espíritu, un yo, el ocultista lo llama un elemental, un cascarón as-tral» . No podemos creer que haya sido de buena fe al hacer esta asimilación, inaceptable para los espiritistas; pero prosigamos: «Los principios inferiores iluminados por la inteligencia del alma humana (con la que no tienen más que un «lazo fluídico») forman lo que los ocultistas llaman un elemental, y flotan alrededor de la tierra en el mundo invisible, mientras que los principios superiores evolucionan en otro plano… En la mayoría de los casos, el espíritu que viene a una sesión es el elemental de la persona evocada, es decir, un ser que no posee del difunto más que los instintos y la memoria de las cosas terrestres» . Eso es bastante claro, y, si hay una diferencia entre un «cascarón» propiamente dicho y un «elemental», es que el primero es literalmente un «cadáver astral», mientras que el segundo se considera que guarda todavía un «lazo fluídico» con los principios superiores; observemos de pasada que eso parece implicar que todos los elementos del ser humano deben situarse en alguna parte del espacio; los ocultistas, con sus «planos», toman una imagen bastante grosera por una realidad. Pero, por otra parte, las afirmaciones que acabamos de reproducir no impiden al mismo autor, en otros lugares de la misma obra, cualificar a los «elementales» de seres «conscientes y voluntarios», de presentarlos como «las células nerviosas del Universo», y de asegurar que «son ellos los que se aparecen a las infelices víctimas de las alucinaciones de la brujería bajo la figura del diablo, con el cual (sic) se hacen pactos» ; este último papel, por lo demás, no es atribuido muy frecuentemente por los ocultistas a los «elementales». En otra parte todavía, Papus precisa que el «elemental» (y ahí pretende que este término, que sin embargo no tiene nada de hebraico, pertenece a la kabbala) «está formado por el espíritu inmortal superiormente, por el cuerpo astral (parte superior) medianamente y por las cortezas inferiormente» . Sería pues, según esta nueva versión, el ser humano verdadero y completo, tal como está constituido durante el tiempo más o menos largo en que permanece en el «plano astral»; ésta es la opinión que ha prevalecido entre los ocultistas, así como entre los teosofistas, y los unos y los otros han llegado a admitir bastante generalmente que este ser puede ser evocado en tanto que se encuentra en ese estado, es decir, en el curso del periodo que va de la «muerte física» a la «muerte astral». Solamente, se agrega que los «desencarnados» que se manifiestan de mayor buena gana en las sesiones espiritistas (a excepción de los «muertos amados») son los hombres cuya naturaleza es la más inferior, concretamente los borrachos, los brujos y los criminales, y también los que han perecido de muerte violenta, sobre todo los suicidas; y es incluso a estos seres inferiores, con los que las relaciones se califican de muy peligrosas, a los que algunos teosofistas reservan la denominación de «elementales». Los espiritistas, que son absolutamente opuestos a todas las teorías que se han tratado hasta aquí, no parecen apreciar mucho esta concesión, no obstante muy grave, y eso se comprende per-fectamente: ellos mismos reconocen bien que hay «malos espíritus» que se mezclan en sus sesiones, pero, si no hubiera más que esos, no habría más que abstenerse cui-dadosamente de las prácticas del espiritismo; es en efecto lo que recomiendan los di-rigentes del ocultismo y sobre todo los del teosofismo, pero sin poder, sobre este punto, hacerse escuchar por una cierta categoría de su adherentes, para quienes todo lo que es «fenómeno», cualquiera que sea su calidad, posee un atractivo irresistible.
Llegamos ahora a las teorías que explican los fenómenos por la acción de seres humanos vivos, y que el Dr. Gibier reúne bastante confusamente bajo el nombre, im-propio para algunas de entre ellas, de «teoría del ser colectivo». La teoría que merece verdaderamente este nombre viene en realidad a injertarse sobre otra que no es nece-sariamente solidaria de ella, y que a veces se llama teoría «animista» o «vitalista»; bajo su forma más común, la que se expresa por lo demás en la definición dada por el Dr. Givier, se podría llamar también, teoría «fluídica». El punto de partida de esta teoría, es que hay en el hombre algo que es susceptible de exteriorizarse, es decir, de salir de los límites del cuerpo, y muchas constataciones tienden a probar que es efec-tivamente así; recordaremos solo las experiencias del coronel de Rochas y de diver-sos otros psiquistas sobre la «exteriorización de la sensibilidad» y la «exteriorización de la motricidad». Admitir eso no implica evidentemente la adhesión a ninguna es-cuela; pero algunos han sentido la necesidad de representarse ese «algo» bajo el as-pecto de un «fluido», que llaman ora «fluido nervioso», ora «fluido vital»; éstos son naturalmente ocultistas, que, ahí como por todas partes donde se trata de «fluidos», no hacen más que ponerse a seguir a los magnetizadores y a los espiritistas. Este pre-tendido «fluido», en efecto, no es más que uno con el de los magnetizadores: es el od de Reichenbach, que se ha querido aproximar a las radiaciones invisibles de la física moderna ; es este «fluido» el que se desprendería del cuerpo humano bajo la forma de efluvios que algunos creen haber fotografiado; pero esto es otra cuestión, que queda enteramente al margen de nuestro tema. En cuanto a los espiritistas, ya hemos dicho que tenían del mesmerismo esta idea de los «fluidos», a los cuales han recurri-do igualmente para explicar la mediumnidad; no es sobre eso donde recaen las diver-gencias, sino solo sobre esto, que los espiritistas quieren que un «espíritu» venga a servirse del «fluido» exteriorizado del médium, mientras que ocultistas y simples psiquistas suponen más razonablemente que este último, en numerosos casos, podría llevar a cabo él solo toda la parafernalia del fenómeno. Efectivamente, si algo del hombre se exterioriza, no hay necesidad de recurrir a factores extraños para explicar fenómenos tales como los golpes o los desplazamientos de objetos sin contacto, que no constituyen por eso una «acción a distancia» ya que, en suma, un ser está por to-das partes donde actúa: en cualquier punto donde se produzca esa acción, es porque el médium ha proyectado allí, sin duda inconscientemente, algo de sí mismo. Para negar que una tal cosa sea posible, habría que ser de aquellos que creen que el hom-bre está absolutamente limitado por su cuerpo, lo que prueba que no conocen más que una mínima parte de sus posibilidades; esta suposición, lo sabemos bien, es la más habitual entre los occidentales modernos, pero no se justifica más que por la ig-norancia común: en otros términos, equivale a sostener que el cuerpo es en cierto modo la medida del alma, lo que constituye, en la India, una de las tesis heterodoxas de los Jainas (nos no empleamos las palabras de cuerpo y de alma más que para hacernos comprender más fácilmente), lo que es muy fácil de reducir al absurdo co-mo para que insistamos más en ello: ¿se concibe que el alma deba o que incluso pue-da seguir las variaciones cuantitativas del cuerpo, y que, por ejemplo, la amputación de un miembro conlleve con ella una disminución proporcional? Por lo demás, cues-ta trabajo comprender que la filosofía moderna haya planteado una cuestión tan des-provista de sentido como la de la «sede del alma», como si se tratara de algo «locali-zable»; y los ocultistas no están exentos tampoco de reproche bajo este aspecto, pues-to que tienen una tendencia a localizar, incluso después de la muerte, todos los ele-mentos del ser humano; en lo que concierne a los espiritistas, repiten a cada instante que los «espíritus» están «en el espacio», o también en lo que ellos llaman la «errati-cidad». Es precisamente ese mismo hábito de materializarlo todo lo que criticamos también en la teoría «fluídica»: no encontraríamos nada que decir si, en lugar de hablar de «fluidos», se hablara simplemente de «fuerzas», como lo hacen por lo de-más algunos psiquistas más prudentes o menos tocados por el «neoespiritualismo»; esta palabra de «fuerzas» es sin duda muy vaga, pero por ello no es menos válida en un caso como éste, ya que no vemos que la ciencia ordinaria esté en un estado de permitir una mayor precisión.
Pero volvamos a los fenómenos que puede explicar la fuerza exteriorizada; los casos que hemos mencionado son los más elementales de todos; ¿será todavía lo mismo cuando se encuentre en ellos la marca de una cierta inteligencia, como, por ejemplo, cuando la mesa que se mueve responde más o menos bien a las cuestiones que se le hacen? No vacilaremos en responder afirmativamente para un gran número de casos: es más bien excepcional que las respuestas o las «comunicaciones» obteni-das rebasen sensiblemente el nivel intelectual del médium o de los asistentes; el espi-ritista que, poseyendo algunas facultades mediumnicas, se encierra en su casa para consultar a su mesa a propósito de no importa qué, no sospecha que es simplemente consigo mismo con quien comunica por ese medio desviado, y, sin embargo, es eso lo que ocurre más ordinariamente. En las sesiones de los grupos, la presencia de asis-tentes más o menos numerosos viene a complicar un poco las cosas: el médium ya no está reducido únicamente a su pensamiento, sino que, en el estado especial donde se encuentra y que le hace eminentemente accesible a la sugestión bajo todas sus for-mas, podrá reflejar y expresar también el pensamiento de uno cualquiera de los asis-tentes. Por lo demás, en este caso como en el precedente, no se trata forzosamente de un pensamiento que es claramente consciente en el momento presente, e incluso un tal pensamiento no se expresará apenas más que si alguien tiene la voluntad bien de-cidida de influenciar las respuestas; habitualmente, lo que se manifiesta pertenece más bien a ese dominio muy complejo que los psicólogos llaman el «subconsciente». A veces se ha abusado de esta última denominación, porque es cómodo, en muchas circunstancias, hacer llamada a lo que es oscuro y mal definido; por ello no es menos cierto que el «subconsciente» corresponde a una realidad; solamente, hay de todo ahí dentro, y los psicólogos, en el límite de los medios de que disponen, estarían enor-memente embarazados si quisieran poner ahí un poco de orden. Hay primero lo que se puede llamar la «memoria latente»: nada se olvida jamás de una manera absoluta, como lo prueban los casos de «reviviscencia» anormal que se han constatado fre-cuentemente; así pues, basta que se haya conocido algo unos instantes, incluso si se cree haberlo olvidado completamente, para que no haya lugar a buscarlo en otra parte si eso viene a expresarse en una «comunicación» espiritista. Hay también todas las «previsiones» y todos los «presentimientos», que, a veces, incluso normalmente, lle-gan a devenir bastante claramente conscientes en algunas personas; y es a este orden al que es menester vincular ciertamente muchas de las predicciones espiritistas que se realizan, sin contar con que hay muchas otras, y probablemente un número mucho mayor, que no se realizan, y que solo representan pensamientos vagos que toman cuerpo como puede hacerlo cualquier ensoñación . Pero iremos más lejos: una «co-municación» que enuncia hechos realmente desconocidos de todos los asistentes puede provenir no obstante del «subconsciente» de uno de ellos, ya que, bajo este as-pecto también, se está muy lejos de conocer ordinariamente todas las posibilidades del ser humano: cada uno de nosotros puede estar en relación, por esa parte oscura de sí mismo, con seres y cosas de los que jamás ha tenido conocimiento en el sentido corriente de esta palabra, y se establecen ahí innumerables ramificaciones a las cua-les es imposible asignar límites definidos. Aquí, estamos muy lejos de la psicología clásica; eso podrá parecer muy extraño, lo mismo que el hecho de que las «comuni-caciones» pueden ser influenciadas por los pensamientos de personas no presentes; sin embargo, no tememos afirmar que no hay en todo eso ninguna imposibilidad. Volveremos en su momento sobre la cuestión del «subconsciente»; por el momento, no hablamos de él más que para mostrar que los espiritistas son muy imprudentes cuando invocan, como pruebas ciertas en apoyo de su teoría, hechos del género de aquellos a los que acabamos de hacer alusión.
Estas últimas consideraciones permitirán comprender lo que es la teoría del «ser colectivo» propiamente dicha y qué parte de verdad encierra; esta teoría, digámoslo de inmediato, ha sido admitida por algunos espiritistas más independientes que los demás, y que no creen que sea indispensable hacer intervenir a los «espíritus» en to-dos los casos sin excepción: tales son Eugène Nus, que es sin duda el primero en ha-ber empleado esta expresión de «ser colectivo» , y M. Camille Flammarion. Según esta teoría, el «ser colectivo» estaría formado por una suerte de combinación de los «periespíritus» o de los «fluidos» del médium y de los asistentes, y se fortificaría en cada sesión, provisto que los asistentes sean siempre los mismos; los ocultistas se han apropiado de esta concepción con tanto más apresuramiento cuanto que pensa-ban poderla aproximar a las ideas de Eliphas Lèvi sobre los egrégores o «entidades colectivas». No obstante, es menester precisar, para no llevar demasiado lejos la asi-milación, que, en Eliphas Lèvi, se trataba, mucho más generalmente, de lo que se po-dría llamar el «alma» de una colectividad cualquiera, como una nación por ejemplo; el gran error de los ocultistas, en casos como éste, es tomar al pie de la letra algunas maneras de hablar, y creer que se trata verdaderamente de un ser comparable a un ser vivo, al que sitúan naturalmente en el «plano astral». Para volver al «ser colectivo» de las sesiones espiritistas, diremos simplemente que, dejando de lado todo «fluido», es menester no ver en él más que esas acciones y reacciones de los diversos «sub-conscientes» presentes, de los que hemos hablado hace un momento, es decir, el efecto de las relaciones que se establecen entre ellos de una manera más o menos du-rable, y que se amplifican a medida que el grupo se constituye más sólidamente. Por lo demás, hay casos en los que el «subconsciente», individual o colectivo, explica to-do por sí solo sin que haya la menor exteriorización de fuerza en el médium o en los asistentes; ello es así para los «médiums de encarnaciones» e incluso para los «mé-diums escritores»; estos estados, lo repetimos una vez más, son rigurosamente idén-ticos a los estados sonambúlicos puros y simples (a menos que se trate de una verda-dera «posesión», pero eso no ocurre tan corrientemente). A este propósito, agregare-mos que hay grandes semejanzas entre el médium, el sujeto hipnótico, y también el sonámbulo natural; hay un cierto conjunto de condiciones «psicofisiológicas» que les son comunes, y la manera en que se comportan es muy frecuentemente la misma. Ci-taremos aquí lo que dice Papus sobre las relaciones del hipnotismo y del espiritismo: «Una serie de observaciones rigurosas nos han llevado a la idea de que el espiritismo y el hipnotismo no eran dos campos de estudios diferentes, sino los grados diversos de un mismo orden de fenómenos; que el médium presentaba con el sujeto numero-sos puntos comunes, puntos que hasta aquí, que yo sepa, no se han destacado sufi-cientemente. Pero el espiritismo conduce a resultados experimentales mucho más completos que el hipnotismo; el médium es un sujeto, pero un sujeto que lleva los fenómenos más allá del dominio actualmente conocido en hipnotismo» . Sobre este punto al menos, podemos estar de acuerdo con los ocultistas, pero con algunas reser-vas: por una parte, es cierto que el hipnotismo puede ir mucho más lejos de lo que han estudiado hasta aquí algunos sabios, pero, sin embargo, no vemos ninguna venta-ja en extender esta denominación de manera que entren en ella todos los fenómenos psíquicos sin distinción; por otra, como lo hemos dicho más atrás, todo fenómeno que está vinculado al hipnotismo escapa por eso mismo al espiritismo, y por lo de-más los resultados experimentales obtenidos por las prácticas espiritistas no consti-tuyen el espiritismo mismo: lo que es espiritismo, son las teorías, no los hechos, y es en este sentido como decimos que el espiritismo no es más que error e ilusión.


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NotaPublicado: Jue May 05, 2011 9:19 pm    Asunto: Re: supuesto fantasma en la casa de una amiga

(Continuación...)

Hay todavía ciertas categorías de fenómenos de los que no hemos hablado, pero que están entre los que suponen evidentemente una exteriorización: son los fenóme-nos que se conocen bajo los nombres de «aportes» y de «materializaciones». Los «aportes» son en suma desplazamientos de objetos, pero con la complicación de que los objetos provienen entonces de lugares que pueden estar muy alejados, y que pare-ce frecuentemente que hayan debido pasar a través de obstáculos materiales. Si el médium emite, de una manera o de otra, prolongamientos de sí mismo para ejercer una acción sobre los objetos, la distancia más o menos grande no supone nada, im-plica solo facultades más o menos desarrolladas, y, si la intervención de los «espíri-tus» o de otras entidades extraterrestres no es siempre necesaria, aquí no lo es nunca. La dificultad aquí, reside más bien en el hecho del paso, real o aparente, a través de la materia: para explicarlo, algunos suponen que hay sucesivamente «desmaterializa-ción» y «rematerialización» del objeto aportado; otros construyen teorías más o me-nos complicadas, en las que hacen jugar el papel principal a la «cuarta dimensión» del espacio. No entraremos en la discusión de estas diversas hipótesis, pero haremos observar que conviene desconfiar de las fantasías que la «hipergeometría» ha inspi-rado a los «neoespiritualistas» de las diferentes escuelas; así pues, nos parece preferi-ble considerar simplemente, en el transporte del objeto, «cambios de estado» que no precisaremos más; y agregaremos que, a pesar de la creencia de los físicos modernos, puede ser que la impenetrabilidad de la materia no sea sino muy relativa. Pero, en to-do caso, nos basta señalar que, aquí todavía, la supuesta acción de los «espíritus» no resuelve absolutamente nada: desde que se admite el papel del médium, es bastante lógico buscar explicar hechos como éstos por propiedades del ser vivo; por lo demás, para los espiritistas, el ser humano, por la muerte, pierde algunas propiedades más bien que adquiere otras nuevas; finalmente, colocándose fuera de toda teoría particu-lar, desde el punto de vista de una acción que se ejerce sobre la materia física, el ser vivo está manifiestamente en condiciones más favorables que un ser en cuya consti-tución no entra ningún elemento de esa materia.
En cuanto a las «materializaciones», son quizás los fenómenos más raros, pero también aquellos que los espiritistas creen los más probatorios: ¿cómo se podría du-dar de la existencia y de la presencia de un «espíritu» cuando toma una apariencia perfectamente sensible, cuando se reviste de una forma que puede ser vista, tocada, e incluso fotografiada (lo que excluye la hipótesis de una alucinación)? Sin embargo, los espiritistas mismos reconocen que el médium está para algo en eso: una especie de substancia, primero informe y nebulosa, parece desprenderse de su cuerpo, des-pués se condensa gradualmente; eso, todo el mundo lo admite, salvo aquellos que contestan la realidad misma del fenómeno; pero los espiritistas agregan que un «espí-ritu» viene de inmediato a modelar esa substancia, ese «ectoplasma», como lo llaman algunos psiquistas, a darle su forma, y a animarlo como un verdadero cuerpo tempo-rario. Desgraciadamente, ha habido «materializaciones» de personajes imaginarios, como ha habido «comunicaciones» firmadas por héroes romanos: Eliphas Lèvi ase-gura que algunas personas han hecho evocar por Dunglas Home los fantasmas de pa-rientes supuestos, que jamás habían existido ; se han citado también casos donde las formas «materializadas» reproducían simplemente retratos, o incluso figuras fanta-siosas sacadas de cuadros o de dibujos que el médium había visto: «En ocasión del Congreso espiritista y espiritualista de 1889, dice Papus, M. Donald Mac-Nab nos mostró un cliché fotográfico que representaba la materialización de una joven que él mismo había podido tocar así como de seis de sus amigos y que había logrado foto-grafiarla. El médium en letargia era visible al lado de la aparición. Ahora bien, esta aparición materializada no era más que la reproducción material de un viejo dibujo que databa de varios siglos atrás y que había impresionado mucho al médium cuando estaba despierto» . Por otra parte, si la persona evocada es reconocida por uno de los asistentes, eso prueba evidentemente que ese asistente tenía una imagen de ella en su memoria, y de ahí puede venir muy bien la semejanza constatada; si al contrario na-die ha reconocido al presunto «desencarnado» que se presenta, su identidad no puede ser verificada, y el argumento espiritista se desmorona también. Por lo demás, M. Flammarion mismo ha debido reconocer que la identidad de los «espíritus» jamás ha sido demostrada, que los casos más sobresalientes siempre pueden dar lugar a una contestación; ¿y cómo podría ser de otro modo, si se piensa que, incluso para el hombre vivo, es casi imposible teóricamente, si no prácticamente, dar pruebas de su identidad verdaderamente rigurosas e irrefutables? Es pues menester atenerse a la teoría llamada de la «ideoplastia», según la cual no solo el substratum de la «materia-lización» es proporcionado por el médium, sino que también su forma misma se debe a una idea o más exactamente a una imagen mental, ya sea del médium igualmente, o ya sea de un asistente cualquiera, y que esta imagen, por lo demás, puede no ser más que «subconsciente»; todos los hechos de este orden pueden explicarse por esa teoría, y algunos de entre ellos no pueden explicarse de otro modo. Observaremos de pasada que, admitido esto, de ello resulta que no hay necesariamente fraude cuando se pre-sentan «materializaciones» desprovistas de relieve como los dibujos en los que se re-encuentra su modelo; bien entendido, eso no impide que los fraudes sean muy fre-cuentes de hecho, pero casos como éstos deberían ser examinados más de cerca, en lugar de ser descartados de partido tomado. Por lo demás, se sabe que hay «materia-lizaciones» más o menos completas: hay a veces formas que pueden ser tocadas, pero que no llegan a hacerse visibles; hay también apariciones que no son más que parcia-les, y estas últimas son lo más frecuentemente formas de manos. Estas apariciones de manos aisladas merecerían retener la atención: se ha buscado explicarlas diciendo que, «como un objeto se toma ordinariamente con la mano, el deseo de tomar un ob-jeto debe necesariamente despertar la idea de mano y por consiguiente la representa-ción mental de una mano» ; aceptando esta explicación en principio, es permisible pensar que quizás no es siempre suficiente, y recordaremos a este propósito que ma-nifestaciones similares han sido constatadas en casos que son del dominio de la bru-jería, como los hechos de Cideville que ya hemos mencionado. Por lo demás, la teo-ría de la «ideoplastia» no excluye forzosamente toda intervención foránea, como po-drían creerlo aquellos que son muy dados a sistematizar; solo restringe el número de casos en los que es menester hacer llamada a ella; concretamente, no excluye la ac-ción de hombres vivos no presentes corporalmente (es así como operan los brujos), ni la de diversas fuerzas sobre las que tenemos que volver.
Algunos dicen que lo que se exterioriza es el «doble» del médium; esta expresión es impropia, al menos en el sentido de que el pretendido «doble» puede tomar una apariencia muy diferente de la del médium mismo. Para los ocultistas, este «doble» es evidentemente idéntico al «cuerpo astral»; hay quienes se esfuerzan en obtener, de una manera consciente y voluntaria, el «desdoblamiento» o la «salida en astral», es decir, en suma, en realizar activamente lo que el médium hace pasivamente, al tiem-po que confiesan que las experiencias de este género son extremadamente peligrosas. Cuando los resultados no son puramente ilusorios y debidos a una simple autosuges-tión, son, en todo caso, mal interpretados; hemos dicho ya que no es posible admitir el «cuerpo astral», como tampoco los «fluidos», porque no son más que representa-ciones muy groseras, que consisten en suponer estados materiales que no difieren apenas de la materia ordinaria más que por una menor densidad. Cuando hablamos de un «estado sutil», es otra cosa lo que queremos decir: no es un cuerpo de materia rarificada, un «aerosoma», según el término adoptado por algunos ocultistas; es algo que es verdaderamente «incorporal»; por lo demás, no sabemos si se lo debe llamar material o inmaterial, y nos importa poco, ya que estas palabras no tienen más que un valor muy relativo para cualquiera que se coloca fuera de los cuadros convencionales de la filosofía moderna, puesto que este orden de consideraciones permanece com-pletamente extraño a las doctrinas orientales, las únicas donde, en nuestros días, la cuestión de que se trata es estudiada como debe serlo. Tenemos que precisar que aquello a lo que hacemos alusión ahora es esencialmente un estado del hombre vivo, ya que el ser, a la muerte, es cambiado mucho más que por la simple pérdida de su cuerpo, contrariamente a lo que sostienen los espiritistas e incluso los ocultistas; así pues, lo que es susceptible de manifestarse después de la muerte no puede conside-rarse sino como una suerte de vestigio de ese estado sutil del ser vivo, y no es ya ese estado mismo de la misma manera que el cadáver no es el organismo animado. Du-rante la vida, el cuerpo es la expresión de un cierto estado del ser, pero éste tiene igualmente, y al mismo tiempo, estados incorporales, entre los cuales éste del que hablamos es el más próximo al estado corporal; este estado sutil debe presentarse al observador como una fuerza o un conjunto de fuerzas más bien que como un cuerpo, y la apariencia corporal de las «materializaciones» solo se sobreañade excepcional-mente a sus propiedades ordinarias. Todo esto ha sido singularmente deformado por los ocultistas, que dicen bien que el «plano astral» es el «mundo de las fuerzas», pero a quienes eso no impide situar ahí cuerpos; conviene agregar también que las «fuer-zas sutiles» son muy diferentes, tanto por su naturaleza como por su modo de acción, de las fuerzas que estudia la física ordinaria.
Lo que hay que notar de curioso como consecuencia de estas últimas considera-ciones, es esto: aquellos mismos que admiten que es posible evocar a los muertos (queremos decir el ser real de los muertos) deberían admitir que sea igualmente posi-ble, e incluso más fácil, evocar a un vivo, puesto que el muerto no ha adquirido, a sus ojos, elementos nuevos, y puesto que, por lo demás, cualquiera que sea el estado en el que se le supone, ese estado, comparado al de los vivos, no ofrecerá jamás una si-militud tan perfecta como si se compara a vivos entre ellos, de donde se sigue que las posibilidades de comunicación, si existen, no pueden estar en todo caso más que disminuidas y no aumentadas. Ahora bien, es sorprendente que los espiritistas se le-vanten violentamente contra esta posibilidad de evocar a un vivo, y que parezcan en-contrarla particularmente temible para su teoría; por nuestra parte, que negamos todo fundamento a la teoría de los espiritistas, reconocemos al contrario esta posibilidad, y vamos a tratar de mostrar un poco más claramente las razones de ello. El cadáver no tiene más propiedades que las del organismo animado, y guarda solo algunas de las propiedades que tenía éste; de igual modo, el ob de los hebreos, o el prêta de los hin-dúes, no podría tener propiedades nuevas en relación al estado del que no es más que un vestigio; así pues, si este elemento puede ser evocado, es porque el vivo puede serlo también en su estado correspondiente. Bien entendido, lo que acabamos de de-cir supone solo una analogía entre diferentes estados, y no una asimilación con el cuerpo; el ob (conservémosle este nombre para mayor simplicidad) no es un «cadá-ver astral», y no es sino la ignorancia de los ocultistas, que confunden analogía e identidad, la que ha hecho de él el «cascarón» de que ya hemos hablado; digámoslo todavía una vez más, los ocultistas no han recogido más que retazos de conocimien-tos incomprendidos. Obsérvese bien que todas las tradiciones concuerdan en recono-cer la realidad de la evocación mágica del ob, bajo cualquier nombre que le den; en particular, la Biblia hebraica cuenta el caso de la evocación del Profeta Samuel , y por lo demás, si no se tratara de una realidad, las prohibiciones que contiene sobre este punto no tendrían alcance ni significación. Pero volvamos a nuestra cuestión: si un hombre vivo puede ser evocado, hay, con el caso del muerto, la diferencia de que, al no estar disociado el compuesto humano, la evocación afectará necesariamente a su ser real; así pues, puede tener consecuencias mucho más graves bajo este aspecto que la del ob, lo que no quiere decir que esta última no las tenga también, pero en otro orden. Por otro lado, la posibilidad de evocación debe ser realizable sobre todo si el hombre está dormido, porque entonces se encuentra precisamente, en cuanto a su consciencia actual, en el estado que corresponde a lo que puede ser evocado, a menos de que esté sumergido en el verdadero sueño profundo, donde ya nada puede alcanzarle y donde ninguna influencia exterior puede ejercerse sobre él; esta posibili-dad se refiere solo a lo que podemos llamar el estado de sueño, intermediario entre la vigilia y el sueño profundo, y es igualmente de ese lado, lo decimos de pasada, donde sería menester buscar efectivamente la verdadera explicación de todos los fenómenos del sueño, explicación que no les es menos imposible a los psicólogos que a los fisio-logistas. Apenas es útil decir que no aconsejamos a nadie intentar la evocación de un vivo, ni sobre todo someterse voluntariamente a una tal experiencia, y que sería ex-tremadamente peligroso dar públicamente la menor indicación que pueda ayudar a obtener este resultado; pero lo más penoso es que puede ocurrir que se obtenga a ve-ces sin haberlo buscado, y es éste uno de los inconvenientes accesorios que presenta la vulgarización de las prácticas empíricas de los espiritistas; no queremos exagerar la importancia de un tal peligro, pero ya es demasiado que exista, por excepcional-mente que sea. He aquí lo que dice sobre este punto un psiquista que se ha declarado adversario resuelto de la hipótesis espiritista, el ingeniero Donald Mac-Nab: «Puede ocurrir que en una sesión se materialice la identidad psíquica de una persona alejada, en relación psíquica con el médium. Entonces, si se actúa con torpeza, se puede ma-tar a esa persona. Muchos de los casos de muerte súbita pueden referirse a esta cau-sa» . Por lo demás, el mismo autor considera también, además de la evocación pro-piamente dicha, otras posibilidades del mismo orden: «Una persona alejada puede asistir psíquicamente a la sesión, de suerte que se explica muy bien que se pueda ob-servar el fantasma de esa persona o de toda otra imagen contenida en su inconsciente, comprendidas las de las personas muertas que ha conocido. La persona que se mani-fiesta así no tiene generalmente consciencia de ello, sino que siente una suerte de au-sencia o de abstracción. Este caso es menos raro de lo que se piensa» . Reemplace-mos aquí simplemente «inconsciente» por «subconsciente», y se verá que es exacta-mente, en el fondo, lo que hemos dicho más atrás de esas obscuras ramificaciones del ser humano que permiten explicar tantas cosas en las «comunicaciones» espiritistas. Antes de ir más lejos, haremos observar todavía que el «médium de materializacio-nes» está siempre sumergido en ese sueño especial que los espiritistas anglosajones llaman trance, porque su vitalidad, así como su consciencia, están concentradas en-tonces en el «estado sutil»; y, a decir verdad, este mismo trance es más semejante a una muerte aparente que el sueño ordinario, porque hay entonces, entre ese «estado sutil» y el estado corporal, una disociación mas o menos completa. Por eso es por lo que, en toda experiencia de «materialización», el médium está constantemente en pe-ligro de muerte, no menos que el ocultista que intenta el «desdoblamiento»; para evi-tar este peligro, sería menester recurrir a medios especiales que ni uno ni otro podrían tener a su disposición; a pesar de sus pretensiones, los ocultistas «practicantes» son, como los espiritistas, simples empíricos que no saben lo que hacen.
El «estado sutil» del que hablamos, y al cual deben referirse en general, no solo las «materializaciones», sino también todas las demás manifestaciones que suponen una «exteriorización» a un grado cualquiera, este estado, decimos, lleva el nombre de taijasa en la doctrina hindú, porque esta doctrina considera su principio correspon-diente como de la naturaleza del elemento ígneo (têjas), que es a la vez calor y luz. Esto podría comprenderse mejor por una exposición de la constitución del ser huma-no tal como la considera esta doctrina; pero no podemos pensar emprenderla aquí, ya que esta cuestión exigiría todo un estudio especial, estudio que, por lo demás, tene-mos la intención de hacer algún día. Por el momento, debemos limitarnos a señalar muy sumariamente algunas de las posibilidades de este «estado sutil», posibilidades que rebasan con mucho todos los fenómenos del espiritismo, y a las que éstos no son siquiera comparables; tales son por ejemplo las siguientes: posibilidad de transferir a este estado la integralidad de la consciencia individual, y no solo una porción del «subconsciente» como esto tiene lugar en el sueño ordinario y en los estados hipnóti-cos y mediúmnicos; posibilidad de «localizar» este estado en un lugar cualquiera, lo que es la «exteriorización» propiamente dicha, y de condensar en ese lugar, por su mediación, una apariencia corporal que es análoga a la «materialización» de los espi-ritistas, pero sin la intervención de ningún médium; posibilidad de dar a esa aparien-cia, ya sea la forma misma del cuerpo (y entonces merecería verdaderamente el nom-bre de «doble»), ya sea toda otra forma correspondiente a una imagen mental cual-quiera; finalmente, posibilidad de «transponer» a este estado, si se puede expresar así, los elementos constitutivos del cuerpo mismo, lo que parecerá sin duda más ex-traordinario todavía que todo lo demás. Se observará que aquí hay con qué explicar, entre otras cosas, los fenómenos de «bilocación», que son de aquellos a los cuales hacíamos alusión cuando decíamos que hay fenómenos de los que se encuentran ejemplos, exteriormente semejantes, en santos y en brujos; aquí se encuentra igual-mente la explicación de esas historias, demasiado extendidas para carecer de funda-mento, de brujos que han sido vistos errando bajo formas animales, y aquí se podría ver también por qué los golpes dados a esas formas tienen su repercusión, en heridas reales, sobre el cuerpo mismo del brujo, así como cuando el fantasma de éste se muestra bajo su forma natural, que, por lo demás, puede no ser visible para todos los asistentes; sobre este último punto como sobre muchos otros, el caso de Cideville es particularmente sorprendente e instructivo. Por otro lado, es a realizaciones muy in-completas y muy rudimentarias de la última de las posibilidades que hemos enume-rado a las que sería menester vincular los fenómenos de «levitación», de los que no habíamos hablado precedentemente (y para los cuales sería menester repetir la misma observación que para la «bilocación»), los cambios de peso constatados en los mé-diums (lo que ha dado a algunos psiquistas la ilusión absurda de poder «pesar el al-ma»), y también esos «cambios de estado», o al menos de modalidad, que deben pro-ducirse en los «aportes». Hay igualmente casos que se podrían considerar como re-presentando una «bilocación» incompleta: tales son todos los fenómenos de «telepa-tía», es decir, las apariciones de seres humanos a distancia, que se producen durante su vida o en el momento mismo de su muerte, apariciones que pueden presentar gra-dos de consistencia extremadamente variables. Puesto que las posibilidades de que se trata están mucho más allá del dominio del psiquismo ordinario, permiten explicar «a fortiori» muchos fenómenos que estudia éste; pero esos fenómenos, como acabamos de verlo, no representan más que sus casos atenuados, reducidos a las proporciones más mediocres. Por lo demás, en todo esto no hablamos más que de posibilidades, y convenimos que hay cosas sobre las que sería bastante difícil insistir, dado sobre to-do el matiz de la mentalidad dominante en nuestra época; ¿a quién se haría creer que un ser humano, en ciertas condiciones, puede dejar la existencia terrestre sin dejar un cadáver detrás de él? No obstante, recurriremos de nuevo al testimonio de la Biblia: Henoch «ya no apareció, porque Dios se lo había llevado» ; Moisés «fue amortajado por el Señor, y nadie ha conocido su sepulcro» ; Elías subió a los cielos sobre un «carro de fuego» , que recuerda extrañamente el «vehículo ígneo» de la tradición hindú; y, si estos ejemplos implican la intervención de una causa de orden transcendente, por ello no es menos cierto que esta intervención misma presupone ciertas posibilidades en el ser humano. Sea como sea, no indicamos todo esto más que para hacer reflexionar a aquellos que son capaces de ello, y para hacerles concebir hasta un cierto punto la extensión de estas posibilidades del ser humano, tan completamente insospechadas por la gran mayoría; para éstos también, agregaremos que todo lo que se refiere a este «estado sutil» toca muy de cerca a la naturaleza misma de la vida, que los antiguos como Aristóteles, de acuerdo en esto con los orientales, asimilaban al calor mismo, propiedad específica del elemento têjas . Además, este elemento está en cierto modo polarizado en calor y luz, de donde resulta que el «estado sutil» está ligado al estado corporal de dos maneras diferentes y complementarias, por el sistema nervioso en cuanto a la cualidad luminosa, y por la sangre en cuanto a la cualidad calórica; he aquí los principios de toda una «psicofisiología» que no tiene ninguna relación con la de los occidentales modernos, y de la que éstos no tienen la menor noción. Aquí, sería menester recordar también la función de la sangre en la producción de ciertos fenómenos, su empleo en diversos ritos mágicos e incluso religiosos, y también su prohibición, en tanto que alimento, por legislaciones tradicionales como la de los hebreos; pero esto podría llevarnos muy lejos, y por otra parte estas cosas no son de las que es indiferente hablar sin reserva. Finalmente, el «estado sutil» no debe considerarse solo en los seres vivos individuales, y, como todo otro estado, tiene su correspondencia en el orden cósmico; es a lo que se refieren los misterios del «Huevo del Mundo», ese antiguo símbolo común a los druidas y a los brahmanes.
Parece que estemos muy lejos de los fenómenos del espiritismo; eso es cierto, pe-ro, no obstante, es la última observación que acabamos de hacer la que nos va a lle-var de nuevo a ellos, al permitirnos completar la explicación que nos hemos propues-to, y a la cual le faltaba todavía algo. El ser vivo, en cada uno de sus estados, está en relación con el medio cósmico correspondiente; eso es evidente para el estado corpo-ral, y, para los demás, la analogía debe ser observada aquí como en todas las cosas; no hay que decir que a la verdadera analogía, aplicada correctamente, no podría hacérsele responsable de todos esos abusos de la falsa analogía que se detectan a ca-da instante en los ocultistas. Éstos, bajo el nombre de «plano astral», han desnaturali-zado, caricaturizado por así decir, el medio cósmico que corresponde al «estado su-til», medio incorporal, del que un «campo de fuerzas» es la única imagen que pueda hacerse un físico, y todavía bajo la reserva de que estas fuerzas son enteramente dife-rentes de las que está habituado a manejar. He aquí pues con qué explicar las accio-nes extrañas que, en algunos casos, pueden venir a agregarse a la acción de los seres vivos, a combinarse en cierto modo con ellas para la producción de los fenómenos; y, aquí también, lo que hay que temer más al formular teorías, es limitar arbitrariamente posibilidades que se pueden decir propiamente indefinidas (no decimos infinitas). Las fuerzas susceptibles de entrar en juego son diversas y múltiples; que se las deba considerar como proviniendo de seres especiales, o como simples fuerzas en un sen-tido más cercano de aquel en el que el físico entiende esta palabra, importa poco cuando uno se queda en las generalidades, ya que las unas y las otras pueden ser ver-daderas según los casos. Entre estas fuerzas, las hay que, por su naturaleza, están más próximas del mundo corporal y de las fuerzas físicas, y que , por consiguiente, se manifiestan más fácilmente al tomar contacto con el dominio sensible por la media-ción de un organismo vivo (el de un médium) o por cualquier otro medio. Ahora bien, estas fuerzas son precisamente las más inferiores de todas, y por consiguiente aquellas cuyos efectos pueden ser los más funestos y que deberían ser evitados lo más cuidadosamente; en el orden cósmico, corresponden a lo que son las regiones más bajas del «subconsciente» en el ser humano. Es en esta categoría donde es me-nester colocar todas las fuerzas a las que la tradición extremo oriental da la denomi-nación genérica de «influencias errantes», fuerzas cuyo manejo constituye la parte más importante de la magia, y cuyas manifestaciones, a veces espontáneas, dan lugar a todos esos fenómenos de los que la «obsesión» es el tipo más conocido; son, en suma, todas las energías no individualizadas, y las hay, naturalmente, de muchos ti-pos. Algunas de esas fuerzas pueden llamarse verdaderamente «demoniacas» o «sa-tánicas»; son esas, concretamente, las que pone en juego la brujería, y las prácticas espiritistas pueden atraerlas también frecuentemente, aunque involuntariamente; el médium es un ser cuya desgraciada constitución pone en relación con todo lo que hay de menos recomendable en este mundo, e incluso en los mundos inferiores. En las «influencias errantes» debe comprenderse igualmente todo lo que, proviniendo de los muertos, es susceptible de dar lugar a manifestaciones sensibles, ya que se trata de elementos que ya no están individualizados: tal es el ob mismo, y tales son con ma-yor razón todos esos elementos psíquicos de menor importancia que representan «el producto de la desintegración del inconsciente (o mejor del “subconsciente”) de una persona muerta» ; agregaremos que, en el caso de muerte violenta, el ob conserva durante un cierto tiempo un grado muy especial de cohesión y de casi vitalidad, lo que permite explicar un buen número de fenómenos. No damos más que algunos ejemplos, y por lo demás, lo repetimos, no hay que buscar indicar una fuente necesaria de estas influencias; de donde quiera que vengan, pueden ser captadas según ciertas leyes; pero los sabios ordinarios, que no conocen absolutamente nada de esas leyes, no deberían sorprenderse de tener algunos percances y de no poder hacerse obedecer por la «fuerza síquica», que a veces parece complacerse en desbaratar las más ingeniosas combinaciones de su método experimental; no es que esta fuerza (que por lo demás no es una) sea más «caprichosa» que cualquier otra, pero es menester saber dirigirla; desgraciadamente, tiene otros desmanes en su haber que las bromas que gasta a los sabios. El mago, que conoce las leyes de las «influencias errantes», puede fijarlas por diversos procedimientos, por ejemplo tomando como soporte ciertas substancias o ciertos objetos que actúan a la manera de «condensadores»; no hay que decir que no hay más que una semejanza puramente exterior entre las operaciones de este género y la acción de las «influencias espirituales» que hemos tratado precedentemente. Inversamente, el mago puede también disolver los «conglomerados» de fuerza sutil, sea que los mismos hayan sido formados voluntariamente por él o por otros, o que se hayan constituido espontáneamente; a este respecto, el poder de los clavos ha sido conocido siempre. Estas dos acciones inversas son análogas a lo que la alquimia denomina «coagulación» y «solución» (decimos análogas y no idénticas, ya que las fuerzas puestas en obra por la alquimia y por la magia no son exactamente del mismo orden); constituyen la «llamada» y la «devolución» por las cuales se abre y se cierra toda operación de la «magia ceremonial» occidental; pero ésta es eminentemente simbólica, y, al tomar al pie de la letra la manera en que «personifica» las fuerzas, se llegaría a las peores absurdidades; por lo demás, esto es lo que hacen los ocultistas. Lo que hay de cierto bajo este simbolismo, es sobre todo esto: las fuerzas en cuestión pueden repartirse en diferentes clases, y la clasificación adoptada dependerá del pun-to de vista en que se coloque uno; el punto de vista occidental distribuye las fuerzas, según sus afinidades, en cuatro «reinos elementales», y es menester no buscar otro origen ni otra significación real a la teoría moderna de los «elementales» . Por otra parte, en el intervalo comprendido entre las dos fases inversas que son los dos extre-mos de su operación, el mago puede prestar a las fuerzas que ha captado una suerte de consciencia, reflejo o prolongamiento de la suya propia, lo que las constituye co-mo en una individualidad temporaria; y es esta individualización facticia la que, a aquellos que llamamos empíricos y que aplican reglas incomprendidas, les da la ilu-sión de tratar con seres verdaderos. El mago que sabe lo que hace, si interroga a estas pseudoindividualidades que él mismo ha suscitado a expensas de su propia vitalidad, no puede ver ahí más que un medio de hacer aparecer, por un desarrollo artificial, lo que su «subconsciente» contenía ya en estado latente; por lo demás, la misma teoría es aplicable, con las modificaciones requeridas, a todos los procedimientos adivina-torios cualesquiera que sean. Es también ahí donde reside, cuando la simple exterio-rización de los vivos no basta enteramente, la explicación de las «comunicaciones» espiritistas, con la diferencia de que las influencias al no estar dirigidas en ese caso por ninguna voluntad, se expresan de la manera más incoherente y más desordenada; hay también otra diferencia, que está en los procedimientos puestos en obra, ya que el empleo de un ser humano como «condensador», anteriormente al espiritismo, era el patrimonio de los brujos de la clase más baja; hay incluso una tercera diferencia, ya que, ya lo hemos dicho, los espiritistas son más ignorantes que el último de los brujos, y ninguno de éstos ha llevado jamás la inconsciencia hasta tomar las «in-fluencias errantes» por los «espíritus de los muertos». Antes de abandonar este tema, tenemos que añadir todavía que, además del modo de acción que acabamos de tratar y que es el único conocido por los magos ordinarios, al menos en occidente, hay otro enteramente diferente, cuyo principio consiste en condensar las influencias en sí mismo, para poder servirse de ellas a voluntad y tener así a su disposición una posi-bilidad permanente de producir ciertos fenómenos; es a este modo de acción al que deben ser referidos los fenómenos de los fakires; pero que no se olvide que éstos no son todavía más que ignorantes relativos, y que aquellos que conocen más perfecta-mente las leyes de este orden de cosas son al mismo tiempo aquellos que se desinte-resan más completamente de su aplicación.
No pretendemos que las indicaciones que preceden constituyan, bajo la forma muy abreviada que les hemos dado, una explicación absolutamente completa de los fenómenos del espiritismo; sin embargo, contienen todo lo que es menester para pro-porcionar esa explicación, cuya posibilidad hemos tenido que mostrar al menos antes de aportar las verdaderas pruebas de la inanidad de las teorías espiritistas. Hemos de-bido condensar en este capítulo consideraciones cuyo desarrollo requeriría varios vo-lúmenes; y hemos insistido en ello más de lo que nos habría convenido hacerlo si las circunstancias actuales no nos hubieran probado la necesidad de oponer algunas ver-dades a la ola creciente de las divagaciones «neoespiritualistas». En efecto, estas co-sas no son de aquellas en las que nos complace detenernos, y estamos lejos de sentir, hacia el «mundo intermediario» al que se refieren, el atractivo que testimonian los aficionados a los «fenómenos»; así pues, en este dominio, no querríamos tener que llegar más allá de consideraciones enteramente generales y sintéticas, las únicas, por lo demás, cuya exposición no puede presentar ningún inconveniente. Tenemos la convicción de que estas explicaciones, tales cuales son, van ya mucho más lejos que todo lo que se podría encontrar en otra parte sobre el mismo tema; pero tenemos que advertir expresamente que no podrían ser de ninguna utilidad a los que querrían em-prender experiencias o intentar librarse a prácticas cualesquiera, cosas que, lejos de deber ser favorecidas por poco que sea, jamás serán desaconsejadas bastante enérgi-camente.


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NotaPublicado: Vie May 06, 2011 9:43 pm    Asunto: Re: supuesto fantasma en la casa de una amiga

que miedo


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NotaPublicado: Sab May 07, 2011 12:42 am    Asunto: Re: supuesto fantasma en la casa de una amiga

Supermegapost :shock:

Pero falta LA FUENTE


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