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La Monogamia (segunda parte)


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Registrado: Mar Mar 22, 2011
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NotaPublicado: Jue Mar 24, 2011 8:35 pm    Asunto: La Monogamia (segunda parte)

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En la sociedad moderna el modelo de monogamia que se da más frecuentemente es el de la "Monogamia seriada" que consiste en bloquear las relaciones sexuales y afectivas del otro miembro de la pareja, al menos por un tiempo; el que dure la relación. De todos modos sigue siendo monogamia y por tanto antinatural en los hombres y mujeres.
Según Erich Fromm "En una cultura en la que prevalece la orientación mercantil y en la que el éxito material constituye el valor predominante, no hay en realidad motivo para sorprenderse de que las relaciones amorosas humanas, aún las que están fuera de la monogamia, sigan el mismo modelo de intercambio que el que gobierna el mercado de bienes y de trabajo". Y sigue "De cualquier manera, la sensación de enamorarse sólo se desarrolla con respecto a las mercaderías humanas que están dentro de nuestras posibilidades de intercambio".
El hombre, dentro de sus limitaciones, busca en la mujer los atributos sexuales basados en la fertilidad. Y la mujer busca que el hombre posea los medios para brindar los cuidados necesarios de alimentación, etc. de su cría, primero, y suyo propio, después. Según el "principio de la doble vara" el hombre discrimina a las mujeres "livianas"; pero la mujer tolera en el hombre esa misma cualidad. Todo sea por lo selecta y fuerte de la prole.
Esta es mi conclusión final.
Según cuenta la Biblia Cain, el primogénito de Adán y Eva, mató a Abel, su hermano, por celos de una mujer.
Y es así, la crónica diaria, periódicos, radio, y televisión nos traen todos los días noticias de crímenes pasionales. Y no sólo en la cultura occidental, en otras culturas occidentalizadas o aborígenes sucede lo mismo. La discordia entre las personas es el signo de la monogamia. Celos, despechos, suicidios, enfermedades mentales, todo trae consigo su culto. Es muy elocuente de esto el hecho de que casi todas las artes están llenas hasta el hartasgo de historias de desencuentros amorosos (con o sin final feliz).
Y el llamado "amor erótico" es el mayor fraude de la Historia. No existe un amor especial entre el hombre y la mujer. Se trata de amor fraterno. Existe desde el primer momento de la atracción. Se dá junto con un torrente hormonal y no es otra cosa más que "simpatía". Y la simpatía es diferente, se trate de niños, mujeres o hombres. Por las mujeres se da casi igual que con los niños, los mimos y las caricias no tardan mucho en aparecer. Con el tiempo y la convivencia el amor fraterno evoluciona hacia la amistad, como antes vimos, o hacia el fracaso y la separación.


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NotaPublicado: Vie Mar 25, 2011 7:37 pm    Asunto: Re: La Monogamia (segunda parte)

Metafísica del Sexo. Capítulo I. Eros y amor sexual.
12. Condicionalidad y formas de la atracción erótica por juliusevola en Metafisica del sexo
Para lograr una definición completa de los factores que inter­vienen en la elección sexual, es necesario considerar con mayor detalle la estructura del ser humano, relacionándolo más con las enseñanzas tradicionales que con los estudios modernos.
Si hace poco distinguíamos dos partes o capas principales del ser humano (esencia y persona exterior), ahora debemos dividir a su vez el primero de esos elementos, el de los estratos esenciales más profundos. En conjunto, resultarán tres niveles. El primero es el nivel del individuo externo como construcción social, individuo cuya forma es bastante arbitraria, "libre" y flotante, precisamente a causa de su carácter fabricado.
El segundo nivel ya pertenece al ser profundo o dimensión en profundidad del ser, y es el lugar que en filosofía se ha llama­do el principium individuationis. Es ahí donde actúan las fuerzas mediante las cuales un ser es lo que es, física o psíquicamente, y se distingue de los restantes de su especie; además, también es la sede de la "naturaleza propia", o naturaleza innata de cada uno. En la tradición hindú se llama a estas fuerzas formadoras samskára o vásaná; no se reducen a los meros factores heredita­rios o genéticos, sino que son concebidos de forma que incluyen herencias, causas, preformaciones e influencias, cuyo origen puede estar situado antes de los límites de una vida humana particular (45). Todo lo que es carácter y naturaleza propia del hombre, lo que llamamos su "cara" en oposición a su "máscara", en el terreno psicológico, se halla relacionado con este plano. Contrariamente a lo que es característico del primero de los tres niveles, del más exterior, todo cuanto se relaciona con el segundo tiene un notable grado de determinación y de fijeza. Eso fue lo que indujo a Kant y a Schopenhauer a hablar de un "carácter trascendental" de cada individuo como de un hecho "nouménico", es decir, relativo a los asuntos que se hallan detrás de todo el orden de los fenómenos percibidos en el espacio y en el tiempo.
El tercer nivel, el más profundo, abarca las formas elementa­. les superiores y anteriores a la individualización, que, sin embar­go, constituyen el fondo extremo del individuo. Ahí se encuentra asimismo la primera raíz del sexo, y ahí se despierta la fuerza originaria del ecos. En sí mismo, este plano es anterior a la forma, a la determinación. Cada proceso asume una forma y una deter­minación a medida que la energía aborda los otros dos planos o estratos para continuar en ellos el proceso.
Con este encuadre puede observarse en todos sus aspectos cuanto se produce en la atracción sexual. En el plano más profundo, esta atracción es algo que va más allá del individuo; las formas extremas de la experiencia erótica en la relación sexual, con traumatismo, alcanzan a este plano. Refiriéndonos a él, es válida la expresión ya citada de que todas las mujeres aman a un solo hombre y todos los hombres aman a una sola mujer. Existe ahí un principio de indiferencia o de permutabilidad. En virtud de las correspondencias analógicas que se producen entre el límite superior y el límite inferior, esté vigente este principio bien por lo que respecta al impulso ciego que empuja a un ser hacia otro del sexo opuesto, propio de las formas "bestiales" y brutales del eros (la llamada "carencia bestial de elección"), o bien en las formas positivamente desindividualizadas del eros que figuran, por ejemplo, en una experiencia dionisíaca. Sin embargo, no siempre es cierto que la forma más vulgar y bestial del amor sea aquella en que no se ama a una mujer, sino a la mujer. Puede darse exactamente el caso contrario (46). Otro tanto cabe decir acerca del hecho de que el hombre pierde casi su individualidad en la crisis del acto sexual: puede perderla de dos maneras opues­tas, ya que hay dos posibilidades contrarias de desindividuali­zación, relacionadas con una apertura "descendente" y otra "ascendente", con una ebriedad anagógica y con otra catagó­gica. La "sustitución de la especie al individuo" en tales momen­tos es un puro mito. En fin, cuando se dice que el amor nace desde el primer momento o ya no nace nunca, cuando se habla de "flechazos", se alude a los casos en que la fuerza del estrato más profundo interviene de una manera directa, sin obstáculos, predominante, gracias a circunstancias especiales.
La primera ley que domina el proceso del sexo en el nivel más profundo, es la ya señalada del complementarismo, de la reintegración de la cualidad masculina pura y de la cualidad femenina pura, en la unión de un hombre con una mujer. Las . condicionalidades o vínculos propios de la individualización o naturaleza propia de un ser dado, intervienen casi inmediatamente en el límite entre el tercer y el segundo estrato, entre el nivel profundo y el nivel intermedio. En esta nueva fase no es indiferente para avivar la pasión y la inclinación erótica todo lo que es una mujer dada, además de ser una mujer y además de presentar el complemento elemental ontológico del que ya hemos habla­do. Aquí, por ejemplo, la elección está influenciada primero por los condicionamientos de la raza, después por otros condiciona­mientos más particulares, de orden somático y caracterológico individual, y el todo puede acentuarse y fijarse hasta el punto de parecer que es insustituible (47): es la creencia en el "amor único", esto es, que se puede amar y que se puede haber amado sólo a una mujer dada como individuo, una mujer única muy determinada (un hombre determinado, en el caso de la mujer). Y cuando toda la fuerza elemental, propia del estrato más profun­do y del proceso primario, se queda y se fija en ese plano interme­dio, que es el de la individualización y el "carácter trascendental", se produce la "pasión fatal", que, según veremos, si se queda en la esfera humana y profana no es casi nunca feliz, porque se activan una fuerza y una "carga" que sobrepasan al individuo; de donde frecuentemente surgen verdaderos cortocircuitos y situaciones como las ilustradas por el Tristán e Iseo wagneriano.
En general, el nivel intermedio es también el de las "idealiza­ciones" de la mujer amada: ahí nace la ilusión de que se ama a una mujer por determinadas cualidades, cuando lo que se ama realmente, y lo que arraiga, es su ser, su ser desnudo. Por el contrario, cuando la fuerza profunda del eros no recae directa­mente en el plano intermedio y no se fija por completo en él (lo que sucede en la mayoría de los casos), queda cierto margen de indeterminación: en vez de la "mujer única" e irremplazable, la condición precisa para que se produzca una atracción suficiente­mente intensa estará constituida por un tipo dado aproximativo ("el propio tipo") encarnado por más de un ser femenino (o masculino, según los casos). Pero esta mayor libertad de movi­mientos y de desplazamiento del eros puede tener también otra causa: la individualización imperfecta de un ser dado. Si el rostro interno de un ser no es muy preciso, en la misma medida será el objeto de su deseo más indeterminado y, entre los límites señalados, permutable. Por eso la multiplicación de las experien­cias amorosas puede contribuir a que se pierda la fijeza adecuada en un primer período de la vida erótica. Así, Balzac señaló que en la primera mujer amada se ama todo, como si ella fuese lo único; más tarde se ama a la mujer en cada mujer.
Pasando al último nivel, el del individuo externo, cuando cae sobre él el centro de gravedad del ser, alcanzan un grado muy alto la permutabilidad y la indeterminación de su complemento sexual en las elecciones. Según dijimos, en este plano todo es inorgánico, sin raíces profundas. Así, por un lado, puede encua­drar el tipo del libertino que sólo busca el "placer" y valora a una mujer según la medida que supone capaz de proporcionarla a este respecto, por lo que una mujer equivale para él sobre poco más o menos a cualquier otra. En algunas ocasiones, los factores determinantes pueden ser sociales y ambientales: la clase, la moda, las tradiciones, la vanidad, etcétera. Surgen entonces nuevos condicionamientos para todo lo referente al eros que alcanza este plano y se fija en él: y el amor normal, "civilizado" y burgués, se define en buena parte codellos. Basta, sin embargo, que el eros recupere de un golpe el carácter y siga los condiciona­mientos característicos de las capas más profundas, para que intervenga de forma catastrófica en todo lo que se haya formado respecto a relaciones intersexuales en ese campo más exterior del individuo social. Ya las afinidades determinadas por el plano de la propia naturaleza y de los samskára, en el caso de que se encuentre a la persona complementaria, pueden hacer explotar o minar todo lo que se ha creado el individuo social en el marco de las instituciones de la civilización y de la sociedad a la que pertenece. Tales son los casos que permitieron a Chamfort hablar de un "derecho divino del amor": lis s'appartiennent (los aman­tes) de droit divin malgré les lois et les conventions humaines (48). Y en la vida moderna tales casos son numerosísimos y han pro­porcionado la materia predilecta de una cierta clase de teatro y de novela: precisamente porque en la civilización moderna se tuvo la ilusión de que era posible centrar y sistematizar en el plano externo, social, inorgánico y artificial, las relaciones entre los sexos (49).
En los mismos términos que las catástrofes ahora comentadas debemos explicar el caso de los libertinos que acaban convirtién­dose en víctimas de su juego y enamorándose de una mujer dada, lo que termina con la permutabilidad del objeto de su eros; o bien que sucumben a formas sexuales maníacas, por haber jugado con fuego, esto es, por haber provocado en cierto momento la activa­ción del "voltaje" propio en el plano más profundo, tras el plano de los samskára y de la individualización.
Es claro que tales manifestaciones eventuales pueden inter­venir de manera catastrófica en el mismo plano del "amor único", así como la ley de las afinidades que rige este plano —en el nivel intermedio— puede actuar desastrosamente cuando encuentra su complemento sobre el campo del individuo social y de sus conci­liaciones. Entonces queda abolida la "unicidad" nuevamente, incluso la unicidad de la "pasión fatal". Pero en el terreno profa­no estos casos son extremadamente raros, y casi nunca se les reconoce según su auténtica naturaleza cuando se verifican.
Otro caso que debe relacionarse con este concepto se refiere a una pasión y una atracción sexual elemental que puede ir acompañada de desprecio e incluso de odio entre los amantes: se debe a la energía del plano más profundo, que mina todos los factores de afmidad entre los caracteres y todos los valores que serían determinantes de haberse concentrado el proceso en el plano intermedio. El caso es simétrico de ese otro ya comentado en que las afinidades propias de ese plano, a su vez, pueden olvi­dar todo lo que pertenece al campo externo de la moral social y de las instituciones.
En este contexto, conviene aludir al hecho de que existen medios artificiales para despertar a un estado más o menos libre la fuerza elemental del dos, por exclusión de las capas menos profundas, donde sufre habitualmente los condicionamientos ya mencionados en la experiencia de los hombres y mujeres ordina­rios, cuando atraviesa esas capas uniéndose casi a ellas. Podemos citar la acción del alcohol y de algunos estupefacientes, y desde ahora hemos de consignar que en el empleo sagrado del sexo (dionisismo, tantrismo), las sustancias de esta clase suelen desem­peñar el papel de auxiliares. En la misma línea se encuentran los filtros de amor, cuya naturaleza es ignorada completamente por los contemporáneos, y desde ahí, según veremos, el camino puede conducir a ciertas formas de la demonología con base erótica aparte de la magia sexual en sentido estricto.
En todo lo que llevamos dicho no hay que confundir nunca el papel de lo que condiciona con el papel de lo que determina. Para que una máquina produzca determinados efectos y consiga un rendimiento es forzoso que esté compuesta de unas determina­das partes, y que tales partes se hallen convenientemente ajusta­das; es imprescindible. Pero si falta la energía motriz, hasta la máquina más perfecta se mantendrá parada. Lo mismo hay que pensar de todos los condicionamientos que, en los dos planos menos profundos del ser, pueden corresponder teóricamente al optimum para la atracción sexual: hace falta que, aparte todos esos factores, la fuerza primaria del eros se alerte, de acuerdo con un "voltaje" u otro, y que establezca el estado magnético o mági­co que hemos definido como el sustrato de cualquier amor sexual verdadero.
En el individuo vulgar, y sobre todo en las civilizaciones occi­dentales, la experiencia erótica se alinea entre las que presentan un mayor carácter pasivo. Es como si los procesos correspondien­tes se pusieran en marcha y se desarrollasen solos, sin la inter­vención de la voluntad de la persona, que ni siquiera es capaz de concentrarlos en uno de los tres campos o niveles indicados. Esta situación se considera natural y normal, hasta el extremo de que cuando no se verifica, cuando falta la coacción, la impotencia de' sentir o actuar de otro modo, se duda de la sinceridad y de la profundidad de un sentimiento o de un deseo. Las palabras más usuales demuestran ese carácter: la "pasión" expresa en las lenguas de raíz latina precisamente la condición del que sufre. Lo mismo se puede decir respecto a la palabra alemana Leidens­chaft, derivada de leiden, que significa sufrir.
Tal fenómeno adopta un carácter más o menos señalado según los individuos y su diferenciación interna. Además, con­vendría hacer unas inducciones respecto a la psicología diferen­cial, basándose en las diferentes instituciones. Por ejemplo, la poligamia tiene como condición primaria natural un tipo masculi­no cuyo Yo supere al eros (con un mayor grado de desplazamien­to y un menor grado de fijeza como consecuencia); además, un tipo en el cual la experiencia erótica en sí misma tiene más impor­tancia que la relación con una mujer u otra como persona (según un refrán árabe: "Un fruto, y en seguida otro"). Puesto que no se ha dicho que esto corresponde siempre a situaciones idénticas a las externas e inorgánicas, propias de la orientación libertina, es posible admitir que el paso de la poligamia (o del matrimonio antiguo que permitía el concubinato como su integración legíti­ma) a la monogamia, a pesar de las vías conformistas que prevale­cen en nuestros días, no indica de ninguna manera la sustitución de un tipo viril superior por uno inferior; sino exactamente lo contrario; es más bien el síntoma de una mayor servidumbre potencial del hombre al eros y a la mujer, y sin embargo no contradice la mayor civilización (50).
En cuanto a los elementos de una técnica dispuesta a actuar sobre los diferentes condicionamientos existenciales del eros, podemos encontrarlos especialmente en el mundo antiguo o en los pueblos primitivos. De momento no citaremos más que un ejemplo: la circunstancia de que a menudo en estos últimos se identifican los ritos matrimoniales con encantamientos amorosos que despiertan la fuerza de atracción entre los dos sexos como un poder irresistible (51). Según nuestro esquema, despiertan y hacen intervenir al eros en el plano elemental, incluso con peligro de alimentar una especie de demonismo o de posesión.
* * *
Antes de continuar, revisemos el camino recorrido. Hemos rechazado cualquier interpretación biológica finalista del hecho erótico, y en cuanto a la explicación según el freudiano "principio del placer", no la hemos juzgado satisfactoria, igual que esa otra que considera al "instinto de reproducción" el hecho inicial del impulso erótico. Nos ha parecido más real la teoría "magnética"; hemos profundizado en ella por medio de los datos extraídos de las enseñanzas tradicionales que hablan de un estádo o fluido capaz de impulsar "catalíticamente" a los amantes, por la presen­cia de las fuerzas básicas (yin y yang) que delimitan la polaridad sexual y la, sexualización en general; es correlativo un desplaza­miento del plano de la consciencia, lo cual motiva a su vez una alerta mágica del podér de imaginación y un monideísmo más o menos intenso. La vieja teoría de que cuando alguien es domina­do por el eros se produce un cambio invisible en su sangre, ha quedado revaluada. Por fin, hemos examinado los condiciona­mientos unidos al complementarismo existencial de los seres enamorados, en el marco de una doctrina que tiene en cuenta las múltiples capas de la persona; sin embargo, resaltamos que siempre debe considerarse la base y la fuerza primaria de todo el proceso lo que proviene directamente de la relación de la masculinidad pura con la femineidad pura. Y a este respecto, el proceso será más intenso cuanto más neta sea la diferenciación de los sexos, es decir, la sexualización.
Pero al llegar a este punto se podría pensar que en lo concer­niente a lo esencial apenas se ha avanzado algo. ¿Acaso no hemos reconocido que, por regla general, cuanto se alega para explicar el hecho erótico es inútil, porque en realidad se explica por sí mismo? Inevitablemente, hemos tropezado con el problema fundamental: por encima de todo, ¿por qué se sienten atraídos el hombre y la mujer mutuamente? Obligados a reconocer en el eros un hecho elemental e irreductible, hay que encontrar el significado de ese hecho. Esto equivale asimismo a preguntarse por el significado del sexo en cuanto tal. Hemos llegado al centro de la metafísica del sexo en sentido estricto. De ello trataremos en el capítulo siguiente.
Notas
(45) Sobre los samskára y los vásaná, cf. EVOLA: Lo Yoga della potenza, Roma2, 1968, págs. 102-05, y ELIADE: Yoga..., cit., págs. 61, 92, 103, 54 y s., y 60.
(46) Algunos ritos de magia sexual colectiva son denominados colinuirga, de acuerdo con el nombre de una especie de corpiño que llevan las muchachas y que sirve para lo siguiente: al elegir un vestido al azar, el hombre escoge a la mujer que le servirá de compañera en el rito; las refe­rencias, en ELIADE, Op. cit., pág. 402, y en EVOLA: Lo Yoga della poten­za, cit., por lo que respecta al ritual secreto tántrico: cf., entre otras, págs. 336 y s. Además, hay que mencionar la promiscuidad intencional mante­nida en algunas fiestas estacionales, en las bacanales y en las saturnales.
(47) Existe cierta lejana analogía con la distinción freudiana entre el "proceso psíquico primario", en el cual la carga de la libido aún está libre y flotante, y el "proceso psíquico secundario", en el que está ligada a una representación dada y difícilmente se separa de ella.
(48) Apud SCHOPENHAUER, Op. cit., pág. 110.
(49) Otra consecuencia es el uso endémico de los divorcios y de los casamientos continuados en las civilizaciones "monogámicas" más especí­ficamente "modernas", debido a las posibilidades de desplazamiento del eros, propias de las capas más superficiales del ser. Las civilizaciones prece­dentes de carácter orgánico, al poner siempre en primer plano lo que, por el contrario, pertenece a la capa más profunda e individualizada de la "naturaleza propia", de una manera normal, esto es, abstrayendo incluso la fuerza coercitiva de las instituciones, garantizaban mayor grado de estabilidad en las uniones intersexuales, cuando el sistema vigente no era poli­gámico, con las diversas premisas que ya veremos más adelante.
(50) Cf. J. EVOLA: L'Arco e la Clava, Milán, 1968, cap. XII ("Li­bertad del sexo y libertad por el sexo").
(51) E. CRAWLEY: Mystic Rose, Nueva York, 1902, pág. 318.
(13) Ibid., 265 b.
(14) Sopra lo Amore, VII, 13, 14.
(15) Refiriéndose al Eros en general, PLATON (Banquete, 202 e, 203 a) dice: "Por obra suya aparece tanto la adivinación en cada una de sus formas como el arte de los sacerdotes adeptos a los sacrificios y a las iniciaciones, así como a los encantamientos y a toda suerte de predicciones y a la magia." Sobre esto, cfr. EVOLA, Rivolta contro il mondo moderno, cit. 1, § 19.
(16) Vom kosmogonischen Eros, cit. pág. 63.


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NotaPublicado: Sab Mar 26, 2011 2:42 pm    Asunto: Re: La Monogamia (segunda parte)

Me perdonarás viejo por no terminar de leer tu artículo (¿es tuyo?) pero me resulta, por mi formación científica, insultante. Fué Stephen Hawking quien dijo que la filosofía ha muerto por no saber adaptarse a los descubrimientos científicos y en especial a la Ciencia física. Mi breve estudio dice mucho más sin tanto parlerio que tu artículo. Perdón de nuevo.

Saludos. Daniel


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NotaPublicado: Sab Mar 26, 2011 8:32 pm    Asunto: Re: La Monogamia (segunda parte)

Daniel

Epa... parecés uno de esos "líderes" intentando "trepar" como monos a la cima del poder :twisted:

Ciencias profanas. «Al separarse las ciencias tradicionales de su base metafísica de la cual obtenían todo su significado, se formaron las llamadas ciencias profanas, verdaderas investigaciones dispersas sin dirección alguna y sin profundidad reconocible. Ellas como dice Guénon "desembocaron irremediablemente en un callejón sin salida, al apartarse del origen superior del que dependían. Así se llego a un estado característico de las investigaciones científicas actuales, que es la fuga y la atomización en el detalle. Tales análisis, afirma Guénon, "pueden seguirse hasta el infinito sin avanzar un solo paso en la vía del conocimiento verdadero" ya que este último es sintético. Recordemos a Plotino: "Cuando el alma adquiere un conocimiento científico cualquiera, ella se retira de la unidad y cesa de ser una; porque la ciencia implica la razón discursiva y la razón discursiva implica la multiplicidad.(...) Ni siquiera lo superficial interesa mayormente en la actualidad, sino las aplicaciones prácticas, y así "la ciencia se confunde con la industria". Hoy se cultivan únicamente las ciencias del mundo sensible, las que se basan en la experimentación y no en la verdad conceptual. La experiencia es inútil y carente de sentido en el campo intelectual puro. Tal situación tiene como fundamente algo que Guénon califica admirablemente como "superstición del hecho". En efecto, un hecho prueba solamente la existencia de ese hecho y nada más, ya que sus causas pueden ser varias, y las que le atribuimos se basan en opiniones individuales o hipótesis científicas que se desechan con la misma rapidez con que se aceptan, no cimentándose en la realidad objetiva. De ahí el absurdo de pretender verificar los principios metafísicos.

Insiste nuestro autor en que "las ciencias modernas son, en el verdadero sentido de la palabra, nada más que residuos de las ciencias tradicionales". En efecto, a tal punto se ha llegado en el estado mental deficitario para poder entender las ciencias originarias, que se ha tomado la cáscara, por así decir, de esos antiguos conocimientos, y se los ha desarrollado únicamente en vista a propósitos utilitarios, lo cual testimonia un hito más en el retroceso cíclico. Por ejemplo las matemáticas actuales se reducen al cálculo. Han reemplazado su principio esencial, el número, por la cifra. Otras muestras de esta situación lamentable lo ofrecen la astrología y la alquimia, las cuales en su decadencia han dado lugar a la astronomía y la química moderna, ciencias que, divorciadas de los principios que fueron sus guías se estudian cada vez más en vista de sus meras aplicaciones prácticas y no como ciencias puras" (V. A. Biolcati, La Edad Crepuscular)

Ese «saber ignorante» que es la Ciencia moderna, es un saber relativo por faltarle lo esencial; los principios intelectuales que deberían sustentarlo. Como se trata de un conocimiento desgajado de su tronco así carecer de fundamento, desde el punto de vista absoluto es ilusorio. El tronco es la metafísica, de la cual dependen los saberes parciales. Sin ella, cualquier investigación es un itinerario en las sombras, al faltarle la luz de la verdad. Como consecuencia, la ciencia moderna constituye un dispersión superficial de conocimientos fragmentarios y efímeros; en esta forma cualquier teoría científica dura medio siglo a lo sumo. Por otra parte, es la exterioridad la que domina las preocupaciones generales, incluso en los hombres de ciencia, ello es el resultado de la manera que tienen las grandes masas de apreciar la realidad. En última instancia, todo se reduce a las inquietudes más intrascendentes y en una dirección opuesta a la interioridad del intelecto. Por esa razón los descubrimientos e invenciones de los últimos siglos han producido una polarización positiva del interés colectivo, al tener como finalidad únicamente el aumento del bienestar en el plano sensible, que pareciera ser la principal aspiración del hombre moderno.

Lo que está en azul está copiado de un glosario tradicional... me pareció pertinente para el caso.



Saludos


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NotaPublicado: Dom Mar 27, 2011 2:07 pm    Asunto: Re: La Monogamia (segunda parte)

La Ciencia en la que yo creo y me interesa es la que parece coincidir con la observación del Universo tal y como éste se nos manifiesta. La que establece unas leyes para interpretar los fenómenos naturales. La que va desde el estudio del efecto Doppler del corrimiento hacia el rojo en el espectro de las galaxias lejanas, hasta la eficacia biológica inclusiva en los chimpancés. No hace esto la metafísica. Tal vez sea ignorante por observar bacterias en un microscopio o planetas en un telescopio. Pero están ahí y ¡puedo observarlos! Puedo estudiar las bacterias desde la biología molecular, su genoma. Puedo estudiar los planetas gracias a la astrofísica, su espectro que me dice de qué estan compuestos. En fin. Esto es lo que creo. =;

Saludos.


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NotaPublicado: Dom Mar 27, 2011 2:59 pm    Asunto: Re: La Monogamia (segunda parte)

Estás interesado por lo "exterior"... por eso afirmás absurdos como este: "Y el llamado "amor erótico" es el mayor fraude de la Historia. No existe un amor especial entre el hombre y la mujer. Se trata de amor fraterno. Existe desde el primer momento de la atracción. Se dá junto con un torrente hormonal y no es otra cosa más que "simpatía"."
La metafísica no es verificable exteriormente, el amor tampoco. Por lo tanto, para verificarlo, es necesario "vivenciarlo"... El "eros" existe desde la noche de los tiempos, y no se lo puede conocer observando bacterias en un microscopio... u observando a los simios...
Así que hombre, a buscar un amor ya mismo, un "amor apasionado", jajaja, así podés hablar de tu propia experiencia y dejás de creer en absurdos como el que afirmás tan ligeramente...



Saludos
Metafísica del Sexo: 15. Biologización y caída del eros

En el Banquete platónico, Diotima parece primeramente poemizar con Aristófanes. Dice que, a través del amor, todos los hombres tienden hacia el bien y que "la esencia eterna del amor consiste en poseer el bien", no la mitad de la que se carece o el todo (21). Pero, en realidad, se trata de lo mismo, aunque expre¬sado en términos diferentes, al tener el "bien", en la concepción helénica, un significado no moral, sino ontológico, hasta el punto de identificarse con el estado de aquello que "es" en sentido eminente, de aquello que es perfecto y completo. Y es a esto a lo que se hace alusión con el mito del andrógino bajo la forma de una fábula. Diotima dice después que "la ardiente solicitud y la tensión" del que tiende a aquel fin toma la figura específica de amor en relación con la "fuerza creadora innata en todos los hombres, según el cuerpo y según el alma", que mira al "acto de la procreación en la belleza"; lo que es el caso "también en la unión del hombre con la mujer". Y afirma: "En el viviente que, sin embargo, es mortal, esta unión es raíz de inmortalidad" (22).
El significado, ya indicado, de la metafísica del sexo recibe aquí, por un lado, confirmación: aspiración a la eterna posesión del bien, el amor es también aspiración a la inmortalidad (23); pero, por otro lado, en la doctrina de Diotima se pasa a una físi¬ca del sexo que curiosamente casi anticipa los puntos de vista de Schopenhauer y de los darwinistas. La naturaleza mortal, al ser atormentada y transportada por el ímpetu del amor, busca alcan¬zar la inmortalidad en forma de continuación de la especie, engendrando. "Por este solo medio —dice Diotima— se puede conseguir aquí [la inmortalidad] por el acto de la. generación, en cuanto siempre ella no deja sobrevivir uno diferente, en el puesto del ser antiguo." Y habla de un hombre casi superindi¬vidual que, a través de la cadena ininterrumpida de las generacio¬nes, se continúa, gracias al eros procreador. "Respecto a cada ser viviente... se afirma que él no conserva jamás en sí las mismas cualidades; sin embargo, se le considera como una personalidad siempre idéntica, mientras va renovándose continuamente, a pesar de la destrucción de algunas de sus partes, en sus cabellos, en sus carnes, en sus huesos, en su sangre, en todo su organismo... Análogo a este es el procedimiento mediante el cual cada ser mortal no perece: no en el conservarse perfectamente igual a sí mismo, como ocurriría a un dios", sino en el hecho de que el individuo que envejece, se desgasta y muere sea siempre sustituido por otro individuo. Es justamente la inmortalidad como perennidad de la especie (24). Y Diotima habla verdaderamente como un darwinis¬ta, explicando en estos términos el sentido más profundo, no sola¬mente del impulso natural de los hombres a actuar de forma que su raza no se extinga, sino también del impulso que, directamente, sin estar dictado por ningún razonamiento, impulsa a los animales, además de al acoplamiento, a sacrificios de todo género para ali¬mentar, proteger y defender la primogenitura (25).
No es casual que esta teoría fuera puesta en boca de una mujer, en primer lugar, y, en segundo lugar, de Diotima de Manti¬nea, iniciada en los Misterios que bien se podrían llamar "los Misterios de la Madre" y que remiten al substrato prehelénico, preindoeuropeo de una civilización telúricamente y ginecocráti¬camente orientada. Reservándonos volver sobre esto, diremos aquí solamente que, para una tal civilización, que pone el misterio de la generación física casi en la cima de su concepción religiosa, el individuo no tiene una existencia en sí; él es caduco y efímero, siendo eterna en él solamente la sustancia maternal cósmica en la que se disuelve de nuevo pero en la que eternamente pululará: de la misma manera que en el árbol nuevas hojas volverán a brotar en el lugar de las hojas muertas. Esto es lo opuesto al concepto de la inmortalidad verdadera y olímpica que, por el contrario, implica la rescisión del vínculo naturalístico y telúrico-materno, la salida del círculo eterno de la generación, la ascensión hacia la región de la inmutabilidad y del ser puro (26). Más allá de los aspectos de una desconcertante modernidad darwiniana, lo que se trasluce en la erotología expuesta por Diotima es pues el espíritu de la arcai¬ca religión pelásgica y telúrica de la Madre. Cuales sean "los más altos misterios reveladores" a los que ella hace alusión (27), lo veremos más adelante. Aquí, es esencial hacer notar que con la teoría del andrógino y con la de la supervivencia en la especie se tienen dos teorías efectivamente antitéticas, la una de espíri¬tu metafísico, uraniano, viril y, eventualmente, prometeico; la otra de espíritu telúrico-maternal y "físico".
Pero, aparte estas antítesis, todavía más importantes es considerar el punto de transición ideal de una hacia la otra, y el sentido de tal traspaso. Es evidente que la "inmortalidad telú¬rica" o "temporal" es una pura ilusión. A este nivel, el ser absolu¬to escapa al individuo, indefinidamente: al engendrar, éste dará siempre de nuevo la vida a otro ser afectado por su mismo esfuer¬zo impotente, en una reiteración sin fin (28). 0, por mejor decir, con un fin posible, en sentido negativo, porque una casta puede extinguirse, un cataclismo puede poner fin a la existencia no sola¬mente de la sangre a la que se pertenece, sino también de toda una raza, por lo cual el espejismo de aquella inmortalidad es tanto más mendaz. Y en tal punto se puede muy bien hacer inter¬venir al mítico, shopenhaueriano demonio de la especie y decir que los amantes son engañados por él; que el placer es el cebo de la generación, y que también es un cebo la fascinación y la belleza de la mujer; que mientras que en la ebriedad de su unión sexual los amantes creen vivir una vida superior y asir la unidad, de hecho están al servicio de la generación. Kierkegaard, haciendo ver precisamente que, en la unión, los amantes forman un solo Yo, sin embargo son engañados, porque en el mismo punto la especie triunfa sobre el individuo —contradicción, dice, más ridí¬cula que todo aquello por lo que Aristófanes encontraba el amor ridículo— hace notar, con razón, que inclusive en este marco una perspectiva superior no quedaría excluida, en el caso en que se podría pensar que, si los amantes no llegan a la realización por sí mismos de una existencialidad ya no dividida y mortal, por el hecho de aceptar servir de instrumentos para la generación, y casi de sacrificarse ellos mismos, verían al menos realizarse este fin en el ser engendrado. Pero no es así: el hijo no es engendrado como un ser inmortal que interrumpa la serie y ascienda, sino como un ser idéntico a ellos (29). Es el eterno, inútil henehimiento del tonel de las Danaides; el eterno, inútil trenzado de la cuerda de Oknos, que el asno del mundo inferior siempre roe de nuevo (30).
Pero esta desesperada y vana vicisitud en el "círculo de la generación" esconde, ella también, una metafísica: el impulso hacia el ser absoluto, degradándose, desviando, traspasa en lo que se cela detrás del acoplamiento animal y la procreación, con el sentido de la búsqueda de un sucedáneo para la necesidad de confirmación metafísica de sí. Y la fenomenología del eros sigue este descenso, esta disgregación: el eros, de embriaguez que era, se hace cada vez más deseo extravertido, sed, ansia carnal; se animaliza, deviene puro instinto sexual. Entonces hay un síncope en el espasmo y en el consecutivo abatimiento a la voluntad física, la cual, particularmente en el macho, está siempre más condicionada por un proceso fisiológico esencial¬mente orientado hacia la fecundación. La onda se hincha, se llega al acmé, se alcanza el momento fulgurante de la unión sexual, de la destrucción de la diada, pero como arrebatados por la expe¬riencia, como sumergidos y disueltos en lo que, precisamente, es llamado "placer". Liquida voluptas, fenómeno de disolución, es la expresión latina, oportunamente recordada por Michelstae¬der (31). Sin embargo, es como si la fuerza se escapase de la mano del que la ha puesto en movimiento: ella pasa al dominio del bios, se convierte en "instinto", proceso casi impersonal y automático. Inexistente como hecho de la conciencia erótica, el instinto genésico se hace real en los términos de un `Es" (por usar este término del psicoanálisis), de una oscura gravitación, de una coacción vital que se sustrae a la conciencia y eventualmente la socava y revuelve. Esto, no porque exista "la voluntad de la especie", sino porque la voluntad del individuo de superar su
finitud no puede jamás ser extirpada, reducida al silencio o repri¬mida; ella sobrevive desesperadamente en esta forma oscura y demoníaca, según la cual suministra la dinamis, el impulso primordial al círculo eterno de la generación: aquí, en la misma relación con que la temporalidad está con la eternidad, en el sucederse y reiterarse de los individuos según la "inmortalidad en la Madre", se puede aún recoger un último reflejo engañoso de lo inmortal. Pero sobre este plano, el límite mismo entre el mundo humano y el mundo animal se borra poco a poco.
Como decíamos al principio, el proceso explicativo habitual debe pues ser invertido: lo inferior se deduce de lo superior, lo superior explica lo inferior. El instinto físico procede de un instinto metafísico. La tendencia primordial es hacia ser; es una tendencia, precisamente, metafísica, cuyo instinto biológico tanto a la autoconservación como a la reproducción, son "preci¬pitados", materializaciones que se crean, sobre su plano, su deter-minismo físico. Agotada la fenomenología humana, que partien¬do de la embriaguez hiperfísica, de una exaltación transfigurante y anagógica, encuentra su límite inferior en el orgasmo propia¬mente carnal en función genesíaca, se pasa a las formas de sexua¬lidad propias de los animales. Y, como en las diferentes especies animales, se pueden ver especializaciones degenerativas de posibilidades latentes en el ser humano, especializaciones acabadas en callejones sin salida, correspondientes a tipos que representan de¬sarrollos disociados, grotescos, obsesivos; del mismo modo debe ser considerada cada posible correspondencia entre la vida del sexo y del amor, en el hombre de una parte, en el reino animal de la otra: disociaciones, absolutizaciones oscuras y extremas de uno u otro aspecto del eros humano, he aquí lo que se encuentra en el reino animal.
Así vemos el magnetismo del sexo impulsar y guiar —a veces telepáticamente— especies en migraciones nupciales que cubren distancias inauditas, que comportan privaciones extremas y situa¬ciones que hacen perder la vida por el camino a una gran parte de los emigrantes, para alcanzar el lugar en el que los gérmenes pueden ser fecundados y los huevos depositados. Vemos las múltiples tragedias de la selección sexual entre las bestias feroces, el impulso ciego y a menudo destructor de la lucha sexual que, a pesar de las apariencias, no es por la posesión de la hembra, sino por la posesión del ser buscado tanto más salvajemente cuanto más lejano es el plano sobre el que se le puede encontrar. Vemos la crueldad metafísica de la mujer absoluta "macroscopizarse" en la manta que mata al macho en la cópula inmediatamente después de haberlo utilizado, y fenómenos análogos en la vida de los himenópteros y de otras especies: bodas mortales, machos cuya vida se termina inmediatamente después del acto procrea¬dor, o bien que son matador y devorados en el acto mismo del sexo; hembras que mueren después de haber puesto los huevos fecundados... En los batracios, vemos el abrazo absoluto que no interrumpen ni heridas ni mutilaciones mortales, y, en la erótica de los caracoles, el límite extremo de necesidad de contacto prolongado y del sadismo de la penetración multiforme. Vemos la fecundidad "proletaria" humana devenir pandemia y pulula-miento indefinido en las especies más bajas, hasta aproximarnos al plano donde, con el hermafroditismo de los moluscos y los tuniceros y la partenogenesis de los organismos monocelulares, de los protozoos y de algunos de entre los últimos metazoos, se encuentra, invertido, perdido en el bios ciego e indiferenciado, el mismo principio que está en el inicio de toda la serie descendente. Son todas las formas que un Rémy de Gourmont ha descrito en su Physique de l’Amour (32). Pero todo este mundo de corres¬pondencias se nos ilumina ahora con una luz diferente: no son ya los antecedentes del eros humano, sus estadios evolutivos infe¬riores, los que aquí se nos revelan, sino más bien las formas limi¬nales de su involución y desintegración bajo la forma de impulsos automatizados, demonizados, lanzados en lo ilimitado y en lo insensato. Pero ¿cómo no reconocer que en ciertos caracteres de este eros animal —allí donde se querría hablar del carácter absoluto de la "voluntad de la especie"— su raíz metafísica se hace incluso más visible que en muchas formas flácidas y "espirituales" del amor humano? Porque, según un reflejo invertido, se lee en ellos lo que, más allá de la vida efímera del individuo, es trans-portado por la voluntad del ser absoluto.
Estas ideas ofrecen también auténticos puntos de referencia para asir el impulso más profundo actuante detrás de la existencia humana de cada día. Sobre el plano de la vida de relación, el hombre tiene necesidad del amor y de la mujer, para escapar a la angustia existencial y fingirse un sentido para su existencia; inconscientemente, busca un sucedáneo cualquiera aceptando y alimentando cada ilusión. Se ha hablado justamente de la "sutil atmósfera emitida por el sexo femenino, que no se advierte cuan¬do se está inmerso en ella; pero cuando desaparece, se siente en la existencia un vacío creciente y se siente uno atormentado por una vaga aspiración a algo muy poco definido, que no se puede explicar" (Jack London). Este sentimiento sirve de fondo a la sociolo¬gía del sexo, al sexo como factor de la vida asociada: del matrimonio al deseo de tener familia, prole y descendencia, deseo tanto más vivo por cuanto se desciende del plano mágico del sexo y se advierte oscuramente la desilusión del deseo más profundo del ser, más allá del espejismo que centellea en el momento de los primeros contactos y en el vértice de la pasión. Este dominio en el cual el hombre domesticado encierra habitualmente el sexo se puede bien considerar el de los subproductos de segundo grado de la metafísica del sexo y, en el sentido dado por Michelstaedter a estas tales expresiones, un mundo de "retórica" que se sustituye al de la "persuasión" y la verdad (33). Aún más al margen, y como una dirección personal, se encuentra la búsqueda abstracta y viciosa del placer venéreo, como estupefaciente y lenitivo liminal por la falta de sentido de la existencia finita. Sobre esto tendremos que volver.
Notas a pie de página
(21) Banquete, 205 d, 206 a.
(22) Ibid., 206 b.
(23) Ibid., 207 a
(24) Ibid., 207 d, 208 b.
(25) bid., 207 b, 208 b.
(26) Es significativo que, al hablar de la "eternidad temporal" (en la especie) SCHOPENHAUER (Op. cit., c. 41, págs. 25-26) usa exactamen¬te la imagen de las hojas caducas, tomada de Homero —qualis folia genera¬tio, talis et bominum— en la cual J. J. BACHOFEN (Das Mutterrecht, Basel, 1897, § 4, cfr. § 15) ha visto justamente la base de la concepción físico-maternal y telúrica de las antiguas civilizaciones mediterráneas.
(27) Banquete, 209 e.
(28) Cfr. C. MAUCLAIR, Op. cit.: "¿Qué es una filiación, sino la proyección en el nuevo ser del mismo deseo de infinito que a su vez tino experimentará cuando sea adulto?" M contrario, es sólo en el mejor de los casos que lo experimentará, oscuramente, como dice PLATON (Feclro, 225 d): "El ama y no sabe que ama, no sabe siquiera cuál es su sentimien¬to... El no se da cuenta de que se mira a sí mismo en el amante como en un espejo."
(29) S. KIERKEGAARD, In vino ventas, tr. it. Lanciano, 1910, págs. 52, 53, 55.
(30) Si E. CARPENTER (Love’s coming-of-age, Manchester, 1896, Pág. 18) tiene razón cuando afirma que la finalidad principal del amor es tender a la unidad, él no está sin embargo más que en parte en lo cierto cuando dice que la creación sobre el plano físico, es decir, la procreación, es el efecto. del estado de unión íntima en la unión sexual, estado que susci¬ta el poder creador. Sea la posibilidad de que un hijo nazca de una mujer violada sin ninguna participación en el placer por su parte, sea, en el límite, la de la fecundación artificial, demuestran por el contrario que el hecho generador puede prescindir por completo del estado de unión extática de un abrazo sexual. La idea apuntada por Carpenter sigue siendo verdadera sólo en los casos de algunas aplicaciones especiales de la magia sexual (cfr. sobre esto más abajo, § 60).
(30) C. MICHELSTAEDTER, La persuasione e la retorica, Firen¬ze, 1922, pág. 58.
(31) R. de GOURMONT, La physique de l’Amour, París, 1912, pág. 120: "Las invenciones sexuales de la humanidad son casi todas ante¬riores o exteriores al hombre. No hay ninguna cuyo modelo, inclusive per-feccionado, no le sea ofrecido por los animales, hasta por los más humil¬des." Pág. 141: "No hay ningún tipo de lujuria [humanal que no tenga su tipo en la naturaleza en términos de normalidad", es decir, que no figure como manera de ser espontánea y fija de determinadas especies animales. Naturalmente, DE GOURMONT usa todas las correspondencias verificadas para lo opuesto, o sea, para incluir el eros humano en el conjunto del eros animal.
(32) A este contexto se pueden referir las palabras del Corán (LXIV, 14): "Oh vosotros que creéis, en verdad que en vuestras mujeres y vuestros hijos hay un enemigo vuestro: guardaos de ellos."
(33) Banquete. 180 d-e.


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NotaPublicado: Dom Mar 27, 2011 4:02 pm    Asunto: Re: La Monogamia (segunda parte)

Daniel Mazzella escribió:
Citar:
En la sociedad moderna el modelo de monogamia que se da más frecuentemente es el de la "Monogamia seriada" que consiste en bloquear las relaciones sexuales y afectivas del otro miembro de la pareja, al menos por un tiempo; el que dure la relación. De todos modos sigue siendo monogamia y por tanto antinatural en los hombres y mujeres.
Daniel: Leyéndo tus mensajes posteriores, te defines como "hombre de ciencia" .....y ¿pretendes asociar monogamia/amor/ciencia¿? ¿Cómo podría bloquearse una relación afectiva? Ahora resulta que la nomogamiaa es "antinatural." Si eres casado supongo que no te parecerá antinatural la fidelidad de tu pareja.
Según Erich Fromm "En una cultura en la que prevalece la orientación mercantil y en la que el éxito material constituye el valor predominante, no hay en realidad motivo para sorprenderse de que las relaciones amorosas humanas, aún las que están fuera de la monogamia, sigan el mismo modelo de intercambio que el que gobierna el mercado de bienes y de trabajo". Y sigue "De cualquier manera, la sensación de enamorarse sólo se desarrolla con respecto a las mercaderías humanas que están dentro de nuestras posibilidades de intercambio".
---La estupidez del concepto, es más grande que el obelisco de cierta céntrica avenida. Si colocas algo en este foro, se supone es porque lo aceptas. El amor, reducido a un simple mercadeo humano. Que lo hay, es cierto, y tiene un precio bien metálico, pero en esos casos, no hay absolutamente nada de enamoramiento.
El hombre, dentro de sus limitaciones, busca en la mujer los atributos sexuales basados en la fertilidad. Y la mujer busca que el hombre posea los medios para brindar los cuidados necesarios de alimentación, etc. de su cría, primero, y suyo propio, después. Según el "principio de la doble vara" el hombre discrimina a las mujeres "livianas"; pero la mujer tolera en el hombre esa misma cualidad. Todo sea por lo selecta y fuerte de la prole.
---Plis, nene, pregúntale a una mujer enamorada si tolera la infidelidad.
Esta es mi conclusión final.
Según cuenta la Biblia Cain, el primogénito de Adán y Eva, mató a Abel, su hermano, por celos de una mujer.
..... Danie, en lo sucecivo, te sugiero hablar de "ciencia" antes de mencionar la Biblia, que se ve no la conoces y la usas solo como apoyo a tu "conclusión final" En ningún momento se lee en la Biblia que Caín mató a su hermano "por celos de una mujer" En todo caso, cita el pasaje que creas de a entender tu suposición.
Y es así, la crónica diaria, periódicos, radio, y televisión nos traen todos los días noticias de crímenes pasionales. Y no sólo en la cultura occidental, en otras culturas occidentalizadas o aborígenes sucede lo mismo. La discordia entre las personas es el signo de la monogamia. Celos, despechos, suicidios, enfermedades mentales, todo trae consigo su culto. Es muy elocuente de esto el hecho de que casi todas las artes están llenas hasta el hartasgo de historias de desencuentros amorosos (con o sin final feliz).
----Debería ser lo opuesto si no existiera malicia en el humano.
Y el llamado "amor erótico" es el mayor fraude de la Historia. No existe un amor especial entre el hombre y la mujer. Se trata de amor fraterno. Existe desde el primer momento de la atracción. Se dá junto con un torrente hormonal y no es otra cosa más que "simpatía". Y la simpatía es diferente, se trate de niños, mujeres o hombres. Por las mujeres se da casi igual que con los niños, los mimos y las caricias no tardan mucho en aparecer. Con el tiempo y la convivencia el amor fraterno evoluciona hacia la amistad, como antes vimos, o hacia el fracaso y la separación.

----Si no existiera un amor especial entre hombre y mujer, entonces una gran parte de la humanidad está equivocada.
Espero que tus amorios con doña ciencia, no duren demasiado.
Simple intercambio de ideas, nada personal....



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NotaPublicado: Dom Mar 27, 2011 4:32 pm    Asunto: Re: La Monogamia (segunda parte)

Daniel Mazzella escribió:
Me perdonarás viejo por no terminar de leer tu artículo (¿es tuyo?) pero me resulta, por mi formación científica, insultante. Fué Stephen Hawking quien dijo que la filosofía ha muerto por no saber adaptarse a los descubrimientos científicos y en especial a la Ciencia física. Mi breve estudio dice mucho más sin tanto parlerio que tu artículo. Perdón de nuevo.

Saludos. Daniel


Tu ídolo Stephen Hawking escribe algunas sandeces-por no decir otra cosa - que son un insulto no solo para la ciencia que dices estudiar, sino para la lógica más elemental. (Incluida la de la chimpancé Chita)
Estoy completamente seguro que hasta la mona Chita se reiría a mandibula batiene si tuviera la oportunidad de leer las tremendas contradicciones del paladin de la ciencia Mr. Stephen...



El científico británico Stephen Hawking afirma en su nuevo libro, The Grand Design (El Magnífico Diseño), que el Big Bang fue una consecuencia inevitable de las leyes de la física, que Dios no creó el Universo y que las teorías científicas más actuales convierten en redundante la figura de un creador. El libro, del que el periódico británico "The Time" adelanta hoy algunos extractos, señala: "Dado que existe una ley como la de la gravedad, el Universo pudo crearse a sí mismo -y de hecho lo hizo- de la nada. La creación espontánea es la razón de que exista algo, de que exista el Universo, de que nosotros existamos". Por tanto, añade, "no es necesario invocar a Dios" para que haya cosmos.
En su obra más popular, A Brief History of Time (Una Breve Historia del Tiempo), un texto de divulgación sobre el Universo y su evolución, Hawking, físico teórico reconocido internacionalmente por sus aportaciones en cuestiones de cosmología, agujeros negros y gravitación cuántica, sugería que "si llegamos a descubrir una teoría completa, sería el triunfo definitivo de la razón humana porque entonces conoceríamos la mente de Dios". Ahora sostiene que, del mismo modo que el darwinismo eliminó la necesidad de un creador en el campo de la biología, las nuevas teorías de la física hacen redundante el papel de un creador del Universo. El último libro, escrito junto al físico estadounidense Leonard Mlodinow, saldrá a la venta el próximo 9 de septiembre, una semana antes de la visita del Papa a Reino Unido.
Los argumentos actuales de Hawking sugieren que ha roto con su visión anterior acerca de la religión, cuando sostenía que las leyes de la física significaban que sencillamente no era necesario creer que Dios hubiera intervenido en el Big Bang. Ahora destaca, por ejemplo, que el descubrimiento del primer planeta extrasolar, en 1992, ayudó a desmontar la visión de Isaac Newton de que el Universo no pudo surgir del caos sino que fue creado por Dios. Ese hallazgo "hace que las precisas condiciones de nuestro sistema planetario -el Sol único, la afortunada combinación de la distancia Sol-Tierra y la masa solar- sean mucho menos llamativas y en absoluto evidencias convincentes de que la Tierra fuera cuidadosamente diseñada para satisfacer a los seres humanos", escriben Hawking y su colega en el nuevo libro.
El físico británico ha cumplido 68 años y padece desde hace décadas una gravísima enfermedad neurológica, esclerosis lateral amiotrófica (ELA), que paralizó su cuerpo casi por completo. Debido a una traqueotomía de urgencia que se le practicó hace unos años, perdió la capacidad de hablar y se expresa con enorme dificultad a través de un ordenador que maneja con sus ojos y un sintetizador de voz artificial.
Hawking ocupó, desde 1979 y hasta su reciente jubilación, la Cátedra Lucasiana de Matemáticas de la Universidad de Cambridge, que había sido de su histórico colega Isaac Newton.

Informacion extraida de: www.elpais.com


Rogaré a San Guchito y a San Chukrut - mis santos patronos - que me libren de tales "cientificos"
Viva la filosofia.
"Rimember" Daniel: la esencia de toda ciencia es la filosofía.
Salud.....
:drinkingcheers: por la verdadera ciencia.


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NotaPublicado: Dom Mar 27, 2011 4:42 pm    Asunto: Re: La Monogamia (segunda parte)

"Rimember" Daniel: la esencia de toda ciencia es la filosofía.

Amen... :twisted:


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NotaPublicado: Dom Mar 27, 2011 10:17 pm    Asunto: Re: La Monogamia (segunda parte)

Si eres filósofo habrás leído a Nietzsche. En su Zaratustra habla "De las mujeres jóvenes y viejas" y dice más o menos que sin tener mucha experiencia con las mujeres, su saber es grande respecto al tema. Y su argumento tiene mucho de veracidad.
Yo no tengo mucha experiencia en el "amor erótico", pero estoy al tanto de lo que la ciencia ha estudiado. Todas las sensaciones que sienten los "enamorados" se dan en la vida cotidiana respecto a situaciones totalmente diferentes; como por ejemplo alguien que de pronto se entera que ha ganado una fortuna, o alguien que por primera vez se va a lanzar en paracaidas, o al síndrome de abstinencia de los drogadictos. Son duchas hormonales como la dopamina y la noreprimefina. Y la sensación de placer por estar juntos, es la misma sensación placentera del Amor o en menor medida, de cualquier otra sensación placentera, en la que se libera sustancias relacionadas con los opiáceos. Sigo argumentando que no existe un amor especial entre el hombre y la mujer. Se trata simplemente de amor fraterno, que en la etapa de "enamoramiento" comienza con la simpatía (esto es lo que no agregaste en tu crítica), pero la simpatía es diferente se trate de hombres, mujeres, niños o mascotas. Con la mujer se trata casi igual que con los niños pequeños o las mascotas. A ver cómo me lo rebatís. :mrgreen:


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NotaPublicado: Dom Mar 27, 2011 11:03 pm    Asunto: Re: La Monogamia (segunda parte)

La teoría M (o teoría Madre) es un conjunto de teorías de la física cuántica que se propone unificar las cuatro fuerzas de la Naturaleza (la gravedad, el electromagnetismo, y las fuerzas nucleares fuertes y débiles) en la medida que puede ofrecer magnitudes medibles, es la única teoría válida. Cabe agregar que esto no está comprobado totalmente. Pero si el Universo es finito, cosa que también está por demostrarse, estaríamos frente a un modelo de Universo que se crea a sí mismo.
En ese artículo se ha desvirtuado las hipótesis de Hawking haciendo que surjan contradicciones tendenciosamente. El expone el punto de vista de religiones como la católica que queda contenta con la visión de un sistema planetario benigno y un Universo que entre tantas variantes de Universos posibles hostiles a la vida, es el que ha sido escogido para albergar al hombre. El capítulo en que habla de esto se llama "El milagro aparente" y por supuesto lo rebate elegantemente. Te recomiendo la lectura de este libro "El Gran Diseño", en él aborda los temas o cuestionamientos más frecuentes en filosofía abordados por la ciencia moderna. :wink:

Saludos. Daniel


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NotaPublicado: Lun Mar 28, 2011 12:12 am    Asunto: Re: La Monogamia (segunda parte)

Monogamia/ Amor/ Ciencia ¿Y por qué no? Si hubieras leído antes mi primer tema sobre la monogamia, no te picaría tanto el considerarla contraria a la propia Naturaleza del Hombre. Si tuviera una esposa fiel sería como un ángel alado con plumas de paloma.
Con respecto a mi cita de Erich Fromm y tu escándalo, pienso que podría dártelo por válido en el mundo de las telenovelas. En la experiencia cotidiana el "enamoramiento" en la mayoría de los casos sólo es recíproco cuando una pareja tiene la misma condición económica. Tal vez no tengan la culpa pero los padres influyen mucho en la aceptación de los/las pretendientes y les dejan así un mercado en el cuál puedan "enamorarse". Aunque, tal vez, lo acepto, mi punto de vista basado en el análisis de Erich Fromm, pueda resultar un poco anticuado.
Perdoname si no te contesto todo es que no lo puedo recordar. Me hablabas de la Biblia ¿No fué por celos? pero la mujer estaba entre medio; y ello basta para darle fuerza a mi alegoría.
Con respecto a la "malicia del hombre", no es así; por la situación de frágil equilibrio afectivo por el que atraviesan los "enamorados", es por lo que surgen los conflictos.
Insisto en esto, el llamado "Amor erótico" por Erich Fromm, es el mayor fraude de la Historia.

Saludos. Daniel


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NotaPublicado: Lun Mar 28, 2011 1:23 am    Asunto: Re: La Monogamia (segunda parte)

Daniel Mazzella escribió:
Si eres filósofo habrás leído a Nietzsche. En su Zaratustra habla "De las mujeres jóvenes y viejas" y dice más o menos que sin tener mucha experiencia con las mujeres, su saber es grande respecto al tema. Y su argumento tiene mucho de veracidad.

Nietzsche, gran filósofo... uno de mis predilectos. Lástima que tomes en cuenta uno de sus comentarios mas banales... y justo de Zaratustra...
Mirá... Nietzsche tenía tanta, pero tanta "sabiduría" con respecto a las mujeres, que el pobrecito murió de sífilis, jajaja... y no conforme con eso, se enamoró de la mujer del mejor amigo... Un verdadero "experto en mujeres", jejeje... Mejor tomemos su filosofía para analizar, y no sus "saberes mundanos"...


Yo no tengo mucha experiencia en el "amor erótico", pero estoy al tanto de lo que la ciencia ha estudiado. Todas las sensaciones que sienten los "enamorados" se dan en la vida cotidiana respecto a situaciones totalmente diferentes; como por ejemplo alguien que de pronto se entera que ha ganado una fortuna, o alguien que por primera vez se va a lanzar en paracaidas, o al síndrome de abstinencia de los drogadictos. Son duchas hormonales como la dopamina y la noreprimefina. Y la sensación de placer por estar juntos, es la misma sensación placentera del Amor o en menor medida, de cualquier otra sensación placentera, en la que se libera sustancias relacionadas con los opiáceos. Sigo argumentando que no existe un amor especial entre el hombre y la mujer. Se trata simplemente de amor fraterno, que en la etapa de "enamoramiento" comienza con la simpatía (esto es lo que no agregaste en tu crítica), pero la simpatía es diferente se trate de hombres, mujeres, niños o mascotas. Con la mujer se trata casi igual que con los niños pequeños o las mascotas. A ver cómo me lo rebatís. :mrgreen:

No hace falta rebatir nada, ya que no hay "argumento" alguno... jajaja
Hacé muy simple, enamorate, y charlamos luego, si?


Con respecto a lo de la Biblia, de Cain y Abel... ya que te va Herman Hesse, te dejo este fragmento:

-¡Muy sencillo! El estigma fue lo que existió en un principio y en él se basó la historia

Hubo un hombre con algo en el rostro que daba miedo a los demás. No se atrevían a tocarle; él y sus hijos les impresionaban. Quizás, o seguramente, no se trataba de una auténtica señal sobre la frente, de algo como un sello de correos; la vida no suele ser tan tosca. Probablemente fuera algo apenas perceptible, inquietante: un poco más de inteligencia y audacia en la mirada. Aquel hombre tenía poder, aquel hombre inspiraba temor. Llevaba una «señal». Esto podía explicarse como se quisiera; y siempre se prefiere lo que resulta cómodo y da razón. Se temía a los hijos de Caín, que llevaban una «señal». Esta no se explicaba como lo que era, es decir, como una distinción, sino como todo lo contrario. La gente dijo que aquellos tipos con la «señal» eran siniestros; y la verdad, lo eran. Los hombres con valor y carácter siempre les han resultado siniestros a la gente. Que anduviera suelta una raza de hombres audaces e inquietantes resultaba incomodísimo; y les pusieron un sobrenombre y se inventaron una leyenda para vengarse de ellos y justificar un poco todo el miedo que les tenían. ¿ Comprendes? -Sí, eso quiere decir que Caín no fue malo. Entonces, ¿toda la historia de la Biblia es mentira? -Sí y no. Estas viejas historias son siempre verdad, pero no siempre han sido recogidas y explicadas como debiera ser. Yo pienso que Caín era un gran tipo y que le echaron toda esa historia encima sólo porque le tenían miedo. La historia era simplemente un bulo que la gente contaba; era verdad sólo lo referente al estigma que Cain y sus hijos llevaban y que les hacían diferentes a la demás gente.

Saludos



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NotaPublicado: Lun Mar 28, 2011 1:15 pm    Asunto: Re: La Monogamia (segunda parte)

Yo no creo que haya cosas "irracionales". La maldad podía entrar en esa categoría. Pero ves cómo su naturaleza fué desentrañada en mi tema de "la maldad". El Amor no es irracional, es un sentimieno placentero que tiene una base neurofisiológica conocida. Lo "irracional" que tal vez a la filosofía le quepa, no le cabe a la ciencia, en todo caso es "algo" que todavía no ha podido ser explicado. Dios es inexplicable para la filosofía, incluso para Nietzsche que decía que había muerto, la ciencia dice que no ha muerto sino más bien que nunca existió. En última instancia lo reduce a una hipótesis innecesaria.
Conozco muy bien esa cita de Demian. Conozco casi toda la obra de Herman Hesse. Es mi autor favorito. Lo leo desde la adolescencia. Casualmente le he encargado a una librería que me envié un ejemplar de "Fabulario". Lo estoy esperando.
Nietzsche es el único filósofo que me atrae conozco muy bien su obra "Así habló Zaratustra" Es una pena que teniendo estas cosas tan valiosas en común, no nos entendamos... :(

Saludos. Daniel


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NotaPublicado: Mar Mar 29, 2011 1:24 am    Asunto: Re: La Monogamia (segunda parte)

Nietzche decía que Dios había muerto, sí, pero también decía que nosotros mismos lo habíamos matado...

Si te cabe la cita, entonces por qué motivo afirmás que Caín era un tonto que andaba matando por celos? :shock:


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