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La Monogamia (primera parte)


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Registrado: Mar Mar 22, 2011
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NotaPublicado: Jue Mar 24, 2011 11:25 am    Asunto: La Monogamia (primera parte)

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Según recientes estudios en Fisiología biomolecular los lazos monogámicos sólo durarían unos cuatro años, pasados los cuales aparecerían la crisis y, a veces la ruptura; o la convivencia en el amor fraterno que puede llegar a una hermandad; aunque el amor fraterno en el hombre no es igual que en la mujer. Por lo normal queda una sensación de vacío que es llenada, sobre todo en la mujer, con la llegada de los hijos.
Según estudios biológicos, primatológicos y antropológicos, un investigador llamado Parash dice que los hombres más que probadamente cambian de relacionarse sexualmente en forma muy frecuente, y que no hay evidencia que pruebe que la monogamia es natural en el hombre.
Estudios estadísticos llevados a cabo por Beach y Murdoch por separado en sociedades humanas de todo el mundo, dejan a la monogamia coincidentemente en el 16% de las relaciones entre ambos sexos.
Estudios en chimpancés y bonobos muestran que la promiscuidad es debida a la exogamia femenina, que es cómo ellos evitan la endogamia y mantienen la diversidad biológica. Estudios recientes realizados por paleoantropólogos, han dado conocimiento de que los Neanderthales (Homo sapiens neanderthalensis) también tenían por comportamiento, compartir las hembras con otras comunidades neanderthales y mantenían una organización social muy similar a la de los chimpancés. Los Bonobos, que son chimpancés mas pequeños que los normalmente conocidos, que suelen practicar frecuentemente la bipedia a la hora de transportar objetos, tienen una estructura social distinta pero se los halla teniendo sexo casi todo el tiempo, con la mayor promiscuidad imaginable. Practican el sexo en la modalidad Heterosexual, bisexual y homosexual y la cópula anterior y posterior entre machos y hembras.
Según todo lo antes visto queda claro que la monogamia es una cuestión cultural ¿Cómo apareció? Debido a la observación de muchas generaciones de "Homos". Primero se pensaría que la preñez era algo espontáneo en las hembras. Luego de varias generaciones de observadores, se habría llegado a la conclusión de que la preñez tenía que ver con la cópula y finalmente el gran hallazgo, de que la cópula con un solo individuo era suficiente para dejar preñada a una hembra. Este descubrimiento revolucionó todo el "Pensamiento" de los primeros hombres; primero que uno era el que generaba vida y segundo que la mujer la abrigaba dentro suyo hasta su nacimiento. Surgió así la fisión dentro de la comunidad; los hombres dieron más importancia al cuidado de la hembra que a la relación con sus pares. Nació la familia y la propiedad privada.


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NotaPublicado: Jue Mar 24, 2011 1:32 pm    Asunto: Re: La Monogamia (primera parte)

Metafísica del Sexo. CAPITULO QUINTO. 44. El cristianismo y la sexualidad


En lo que concierne a las uniones sacralizadas en un cuadro institucional, y más precisamente en las formas de matrimonio monogámicas, haremos alusión al carácter híbrido que éste presenta en el catolicismo, por causa de la moral propia de esta religión. No es sólo a este respecto al que, en el catolicismo, son visibles las consecuencias de la interferencia ilegítima entre principios y normas correspondientes a dos planos muy distintos. Las religiones tradicionales de fondo creacionista han reconocido siempre dos leyes. Una concierne a la vida en el mundo concebido como obra divina, como cosa querida y conservada en su existencia por el Dios creador (por la divinidad según su aspecto de "creador" y de "conservador": Brahma y Vishnú), y esta ley consiste, no en la negación, sino en la sacralización de la vida en el mundo. La segunda ley concierne por el contrario a la pequeña minoría de los que tienen una vocación ascética, a quienes es indicada la vía del desprendimiento, de la trascendencia (vía de Shiva). Al contrario que el hebraísmo antiguo, el mazdeísmo, el hinduismo védico, el mismo Islam, etc., el catolicismo ha confundido los dos órdenes y ha introducido valores ascéticos en el dominio de la vida ordinaria; una de las consecuencias de esto ha sido la condena del sexo, hasta un verdadero odio teológico por el sexo.

Por contra, la indicada distinción estaba muy clara en los Evangelios: En Lucas (XX, 34-36) se lee: "Los hijos de este siglo toman mujeres y maridos. Pero los juzgados dignos de tener parte en aquel siglo y en la resurrección de los muertos, no tomarán mujeres ni marido, porque ya no pueden morir y son semejantes a los ángeles." Y Mateo (XIX, 12) habla de los que se han hecho eunucos a sí mismos "por amor del reino de los cielos", añadiendo: "el que sea capaz de ello, que lo sea" (18), resultando sin embargo la alusión a los "eunucos" bastante desgraciada; si se trata de la realización de la virilidad en una forma superior, absoluta, está bien. También en Mateo (XIX, 4-6) se encuentran palabras que podrían inclusive llevarnos al tema del andrógino, puesto que dicen: "¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y hembra? Y dijo: Por esto dejará el hombre al padre y a la madre y se unirá a la mujer, y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre." En rigor, estas palabras harían pues concebir la unión de los sexos como una obra de restauración androgínica y es en estos términos como ellas la justificarían; la última frase, más que referirse a la indisolubilidad del matrimo-nio como hecho social, podría inclusive reenviar a la doctrina que hemos encontrado profesada por Escoto Erígena, es decir, que la separación de los sexos no es más que un hecho humano, que concierne exclusivamente al ser ordinario caído. En efecto, Pablo, al reproducir el pasaje bíblico que habla de los dos que dejarán al padre y a la madre para formar una sola carne, añade: "Gran misterio éste" (Ef. V, 31-32: to misterion touto mega estin), siendo la voz empleada exactamente "misterio", no "sacramento", como se lee en la Vulgata. También en Pablo hay una alusión, sea al doble estatuto masculino y femenino, e implícitamente a las vías correspondientes para el hombre y para la mujer, con las siguientes palabras: "El varón... es imagen y gloria de Dios; mas la mujer es gloria del varón (I Cor., XI, 7), sea al misterio de la conversión ("redención") de lo femenino a través de lo masculino (la Cakti reconduce a Shiva) con el precepto de que el marido debe amar a la esposa como Cristo ama a su Iglesia, "y se entregó por ella para santificarla, purificándola, mediante el lavado del agua, con la palabra"; después de lo cual vienen las siguientes palabras: "Los maridos deben amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama" (Ef., V, 25-37). Pero al mismo tiempo, contradictoriamente, se anuncia en Pablo la denegación de toda posibilidad superior del sexo al considerar la experiencia sexual tomada en sí misma como "fornicación" e "impudicia", y el matrimonio como un suplefaltas. En efecto, en la primera epístola a los Corintios, se puede leer: "Bueno es al hombre no tocar mujer; mas por evitar la fornica-ción, tenga cada uno su mujer y cada una tenga su marido." Y todavía más: "Pero si no pueden guardar continencia, cásense, que mejor es casarse que abrasarse" (I Cor., VII, 1-2, 9).

Justamente este último punto de vista ha sido tomado como básico por el cristianismo post-evangélico. Según él, la vida sexual en general es un pecado (19); no está permitida a los católicosmás que bajo la forma social del matrimonio, y únicamente con vistas a la procreación. Se sabe sin embargo que el matrimonio como "sacramento" regular y no como simple bendición de los esposos, no apareció sino tardíamente en el cristianismo (hacia el siglo XII), y que la imposición del rito religioso para todo matrimonio que no quisiera ser considerado como un concubinato es todavía más reciente: se remonta al concilio de Trento (1563). Además de tardío, este aspecto sacramental tiene en el fondo una finalidad menos espiritual que simplemente secular. Puesto que no se deja de tener la idea de que el sexo no es más que "naturaleza" y pecado y puesto que no se le reconoce al sexo ningún valor aparte del de medio de procreación, el matrimonio se presenta exactamente como Pablo lo había peyorativamente concebido, es decir, como un mal menor, como un remedium infirmitatis concupiscentiae, para aquellos hombres y mujeres que no son capaces de elegir el celibato porque sucumben a la ley de la carne. La idea canónica de que, como sacramento, él "confiere la gracia necesaria para santificar la unión legítima del hombre con la mujer, perfeccionando el amor natural y dándole un carácter de indisolubilidad que el primero no podría tener", esta idea se reduce pues, por necesidad, a un simple hecho de superestructura. No se trata de un rito tendente a establecer o a favorecer de alguna manera dimensiones más profundas, transfigurantes, sacralizadas de la experiencia sexual, porque, en principio, la teología moral condena a quien, inclusive en el marco conyugal, se entrega a esta experiencia sin tener por fin esencial la procreación y se aparta de un régimen de "castas uniones". Esto, entre otras cosas, implica el error, ya denunciado por nosotros, de que eros e "instinto de reproducción" es una sola cosa; además, es preciso recordar la inexistencia, en la sociedad controlada por el catolicismo, de todo cuanto, en la familia antigua, podía conferir a la procreación ese sentido superior al que hemos hecho alusión con anterioridad, sentido ligado a los cultos familiares y nobiliarios. En la práctica, el punto de vista cristiano-católico conduce, no a la sacralización, sino al rechazo y a la "primitivización" del sexo, a causa del indicado hibridismo: por falta de haber dado como precepto general, válido para el común de los mortales y para la vida corriente, 9se desasimiento del sexo que se impone solamente en el cuadro de la tercera de las soluciones enumeradas por nosotros al principio de este capítulo, a saber, en el cuadro de las técnicas de transformación ascética (y no de represión puritana) de la energía sexual. Queda sin embargo el solo aspecto social del precepto religioso cristiano y el del simple, mediocre y obtuso embridamiento exterior del animal humano; aspecto, para nosotros, desprovisto de todo interés.

Es de una confusión del mismo género de donde viene también la norma del celibato sacerdotal en el catolicismo: se ha confundido el tipo del sacerdote (del clérigo secular) con el del asceta (el monje), con el que no se ha dicho en absoluto que el primero deba identificarse y con el que, de hecho, no se ha identificado de ninguna manera en numerosas civilizaciones tradicionales, que a menudo han conocido largas dinastías sacerdotales, sirviendo en estos casos la continuidad de la sangre de soporte natural y de vehículo para la continuidad de la influencia sobrenatural sacralizante, transmitida a lo largo de las generaciones de un mismo tronco. En cuanto a la premisa normal para una ley destinada al que vive en el mundo, en el cuadro de la tradición, y no al asceta, no podría ser demasiado diferente a la expresada por una sentencia como la siguiente de Ibn Atá: "Los hombres de devoción y de austeridad execran todas las cosas porque ellos están lejos de Dios; si ellos le viesen en todas las cosas, no execrarían ninguna" (20).

En el conjunto del cristianismo no se ha llegado a una actitud diferente de cara al sexo más que en determinadas corrientes netamente heterodoxas y condenadas, o bien en ciertos casos esporádicos. Por lo que respecta a las primeras, se puede recordar la corriente de los Almricianos, los Begardos y los "Hermanos del Libre Espíritu" (siglos XII-XIV); de la idea de la omnipotencia divina, esta corriente saca, también para el sexo, conclusiones análogas a las de las tradiciones comentadas anteriormente. Esta corriente distinguía dos religiones: una válida para el ignorante, otra para el iluminado, y afirmaba la posibilidad, para este último, de acceder a un estado en el que podría ver a Dios actuar en sí mismo y en toda cosa (quod dicitur quod homo ad tale statum potest pervenire, quod deus in ipso omnia operatur). Para quien se encuentra en este estado, la idea de pecado desaparece, la regla ascética pierde toda significación, incluso las acciones del cuerpo glorifican a Dios: se siente que, cualesquiera que ellas sean, se cumplen por Dios bajo forma humana. También, en relación con el sexo, es pues declarada la impecabilidad del hombre iluminado, libre en el espíritu; se llega a decir que las mujeres han sido creadas para ser empleadas por aquellos que viven en esta libertad -sic et mulieres creatae sunt ut sint ad usura illorum qui sunt in libertate spiritus- además: se reivindica una anomía que va más allá de todo lo que puede ser demandado por la superación de la concepción cristiana del sexo como pecado e impureza esencial, porque esta anomía conduce a la abolición completa de todo límite; se puede juzgar esto por la siguiente proposición atribuida a ciertos secuaces de la corriente en cuestión: quod talis liber redditur impeccabilis... et si natura inclinaret ad actum venereum, potest licite ipsum perficere cum sorore vel matre et in quocumque loco sicut altari (21). Pero aquí, además de deber distinguir entre lo que profesaron en secreto estos iluminados y lo que malévolamente les fue atribuido por sus adversarios y por la ortodoxia, todo lo que se sabe sobre este tema hace suponer que sobre todo fue cuestión de posiciones doctrinales, es decir, de principios no necesariamente puestos en práctica.

En lo que respecta a casos de experiencias esporádicas individuales, se puede citar como ejemplo el aportado por sir John Woodroffe, que concierne a los resultados de una investigación llevada a cabo en el siglo XVIII en el convento de las dominicas de Santa Catalina en Prato, por el escándalo causado por ciertas formas de erotismo místico que allí se practicaban secretamente. He aquí las declaraciones más significativas de una joven que había sido la abadesa de ese convento: "Al ser libre nuestro espíritu, es la intención la que hace malas las condiciones. Basta pues con elevarse a Dios con la inteligencia, para que cualquier cosa no sea pecado." Estar unidos a Dios -añade ella- es estar unido como hombre y mujer. La vida eterna del alma y el paraíso en este mundo consisten en la "transubstanciación de la unión del hombre con la mujer". Se obtiene el "goce de Dios" mediante el acto por el cual uno se une a Dios, y esto se produce "por medio de la cooperación del hombre y de la mújer", del "hombre en el cual yo reconozco a Dios". La conclusión es: "Ejerciendo lo que llamamos falsamente impureza, es la verdadera pureza: la que Dios nos ordena y quiere que practiquemos, y sin la cual no hay medio de encontrar a Dios, que es la verdad" (22). Con este ejemplo basta porque, en realidad, en los casos de este género no se trata ya de sacralizaciones dentro de un marco institucional y formal cualquiera, sino de experiencias marginales de fondo místico y libre, que entran en otra parte de la materia que nosotros tenemos que tratar, procedentes de tradiciones distintas a la cristiana. Sin embargo, lo que sorprende en este curioso caso es la concordancia con las ideas que, por otra parte, han inspirado la ritualización del régimen conyugal, fuera de toda concepción de un carácter de pecado del sexo.

Ya hemos hablado de los ritos colectivos de los Khlystis eslavos, que comportaban la unión sexual de hombres y mujeres considerados los unos como encarnaciones de Cristo y las otras como encarnaciones de la Virgen. Pero es demasiado evidente que, en ellos, el elemento cristiano es un simple barniz superpuesto a las supervivencias y reviviscencias de ritos paganos precedentes, como para que merezcan ser considerados en este contexto.


Notas a pie de página:

(16) "El que sea capaz de ello, que lo sea." Esta expresión es traducción literal de la cita según la hace el autor. En la traducción de NacarColunga, de la que nosotros tomamos todas las citas bíblicas, lo que se lee es: "El que pueda entender, que entienda." (N. del T.)
(19) La idea de que hay alguna relación entre el comercio sexual y el "pecado original" no tiene ninguna base en los textos: en el Génesis (II,24), se habla de los dos, de Adán y Eva, que se convierten en una sola carne, con anterioridad al pecado y cuando ellos no tenían ninguna vergüenza de ir desnudos. Por lo demás, el catolicismo, al contrario que el protestantismo, ha afirmado que la inclinación del hombre por la sexualidad no es la causa del pecado original, sino solamente uno de sus efectos.
(20) Apud M. M. MORENO, Antologia della mística arabo-persiana, Bari, 1951.
(21) Sobre todo esto, cf. H. DELACROIX, Essai sur le mysticisme spéculativ en Allemagne au XIVe, París, 1900, págs. 60-63, 65, 91, 125.
(22) DE PORTER, Vie de Scipion de Ricci, évéque de Pistola et Prato, Bruxelles, 1895, I, págs. 460, 418, 420, 428 (apud WOODROFFE, op. cit., págs. 597-598).


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NotaPublicado: Jue Mar 24, 2011 6:33 pm    Asunto: Re: La Monogamia (primera parte)

Con el análisis ese intelectual de la monogamia en el contexto de la religión católica, puramente objetivo, no adelantás ni un ápice en la búsqueda de la verdad. Lo único que puedo rescatar de ese artículo es lo que decís de que el rechazo del sexo por la tradición de la iglesia católica, es lo que ha quedado instalado en la sociedad como condena "Moral" del sexo. La Filosofía como vos la encarás, ha quedado desplazada en la actualidad por negarse a reconocer los avances de la Ciencia. Si solamente hubieras tomado partido por lo que se afirma como verdad en la iglesia, el génesis, adán y eva, y la hoja de parra, merecerías una limosna de credibilidad.

Saludos


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NotaPublicado: Jue Mar 24, 2011 7:02 pm    Asunto: Re: La Monogamia (primera parte)

Daniel Mazzella escribió:
Con el análisis ese intelectual de la monogamia en el contexto de la religión católica, puramente objetivo, no adelantás ni un ápice en la búsqueda de la verdad. Lo único que puedo rescatar de ese artículo es lo que decís de que el rechazo del sexo por la tradición de la iglesia católica, es lo que ha quedado instalado en la sociedad como condena "Moral" del sexo. La Filosofía como vos la encarás, ha quedado desplazada en la actualidad por negarse a reconocer los avances de la Ciencia. Si solamente hubieras tomado partido por lo que se afirma como verdad en la iglesia, el génesis, adán y eva, y la hoja de parra, merecerías una limosna de credibilidad.

Saludos


Daniel:
Para opinar, he leido los mensajes que me anteceden y ambos me parecen interesantes.
Y.... si en un foro se trata de compartir ideas, ¿a qué viene eso de " merecerías una limosna de credibilidad.?" :shock: :shock: :shock:





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NotaPublicado: Jue Mar 24, 2011 8:29 pm    Asunto: Re: La Monogamia (primera parte)

Me disculpo si he ofendido a la Iglesia Católica con esas palabras. Simplemente le decía al amigo que tomase partido por algo, lo que fuera, para acercarse a la verdad, a la causa del Hombre.


Saludos


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NotaPublicado: Jue Mar 24, 2011 9:12 pm    Asunto: Re: La Monogamia (primera parte)

A la Iglesia Católica? :shock:

Pero vos leiste bien...? :twisted:


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NotaPublicado: Vie Mar 25, 2011 12:13 pm    Asunto: Re: La Monogamia (primera parte)

Si, leí bien tu artículo; del principio hasta el final. Sé que te referís al cristianismo, pero cuando nombrás una Iglesia nombrás a la Católica. Y como este foro es de religión, es la iglesia católica la que tradicionalmente sigue ocupando el centro del cristianismo, por lo menos acá en Argentina. Y como en temas de religión se es por costumbre muy suceptible ante las críticas, no me gustaría que por esas palabras me echen del foro. :?

Saludos


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NotaPublicado: Vie Mar 25, 2011 7:48 pm    Asunto: Re: La Monogamia (primera parte)

Citar:

Con el análisis ese intelectual de la monogamia en el contexto de la religión católica, puramente objetivo, no adelantás ni un ápice en la búsqueda de la verdad. Lo único que puedo rescatar de ese artículo es lo que decís de que el rechazo del sexo por la tradición de la iglesia católica, es lo que ha quedado instalado en la sociedad como condena "Moral" del sexo. La Filosofía como vos la encarás, ha quedado desplazada en la actualidad por negarse a reconocer los avances de la Ciencia. Si solamente hubieras tomado partido por lo que se afirma como verdad en la iglesia, el génesis, adán y eva, y la hoja de parra, merecerías una limosna de credibilidad.

Si, leí bien tu artículo; del principio hasta el final. Sé que te referís al cristianismo, pero cuando nombrás una Iglesia nombrás a la Católica. Y como este foro es de religión, es la iglesia católica la que tradicionalmente sigue ocupando el centro del cristianismo, por lo menos acá en Argentina. Y como en temas de religión se es por costumbre muy suceptible ante las críticas, no me gustaría que por esas palabras me echen del foro.


Daniel

Qué pensás que adelantamos con el análisis que expusiste en términos de "búsqueda de la verdad"?
Tu exposición... no es una condena moral del sexo?
Esa especulación al respecto de que podrías ser expulsado del foro me resulta algo exagerada... por no decir "teatral o dramática".
Qué otra "iglesia" podría representar al cristianismo de no ser la católica?
Los avances de la ciencia, que escribís con mayúscula... se refieren al estudio y comparación de los seres humanos con los chimpancés? Y qué conección tendría esto con lo espiritual?
Que tomé partido de qué decís...? No se entiende...
"Puramente objetivo" decís... y el análisis que expusiste sería de tipo subjetivo?

Saludos


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NotaPublicado: Sab Mar 26, 2011 2:10 pm    Asunto: Re: La Monogamia (primera parte)

Mi exposición cuasi científica de la monogamia, tiende a correr velos que durante siglos se vienen teniendo sobre este asunto. Mi condena Ética a la monogamia que realizo en la segunda parte de mi estudio, se basa en las observaciones que he hecho sobre el "enamoramiento" y demás.
Me perdonarás el tacharte de ignorante al no estar al tanto de las teorías científicas. Tu estudio objetivo de la monogamia en el contexto del cristianismo no sé en que categoría insertarlo. En todo caso es intrascendente. Por eso yo te criticaba el no tomar partido por alguna explicación de la monogamia; aunque más no sea la de la iglesia católica.

Saludos


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NotaPublicado: Sab Mar 26, 2011 8:27 pm    Asunto: Re: La Monogamia (primera parte)

Daniel

Desde cuándo la ciencia no se trata de un estudio objetivo...? :shock:
Hay cosas que para quienes no están interesados en profundizar realmente, claro, carecen de importancia y son tachadas de intrascendentes... Pero vaya ignorancia la tuya, con respecto a lo realmente "trascendente", hombre...

PD: Vaya explicación "cuasi científica"... entra en el diario íntimo de una nena de tres años, y esa misma nena es capaz de entenderla... e incluso diría, de refutarla. :twisted:

Saludos


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NotaPublicado: Dom Mar 27, 2011 12:48 pm    Asunto: Re: La Monogamia (primera parte)

Hombre, ¿desde cuándo yo digo que la ciencia no es objetiva? :shock: Tacho tu artículo de objetivo pero intrascendente. ¿Y a qué te referís con lo que yo considero trascendente? ¿A mi breve estudio? Por lo menos se lee más claro que lo tuyo y tiene efectivamente una base cuasi científica elocuente. Además por si no lo has notado tiene dos partes, en la primera trato de demostrar que la monogamia no es natural en el Hombre, y en la segunda expongo brevemente la monogamia como se da en la sociedad civilizada. Y no se necesita ser una niña de tres años para dormirse leyendo tú artículo. :duel:

Saludos


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NotaPublicado: Dom Mar 27, 2011 2:53 pm    Asunto: Re: La Monogamia (primera parte)

Trascendente, espiritualmente hablando, se trata de otra cosa... Se podría decir, no que es lo opuesto a lo inmanente, sino digamos, lo que lo contiene y es su origen, su principio. Por lo tanto, se trata de algo más "profundo" que cualquier ciencia desgajada de su origen. No me parece que temas tan profundos como estos, puedan ser explicados a cabalidad, en tres renglones, y quedándonos en la simple enunciación de unos postulados, que en realidad no dicen casi nada.
En esta primera parte que ofrecés, no queda en absoluto demostrado que la monogamia no sea algo natural en el ser humano. Pasás de un somero "estudio" de los chimpancés, a tal conclusión... Es decir, no se ve relación alguna entre lo de los chimpancés, y tu conclusión final. Lo tuyo es una "teoría", no una demostración. Supongo que comprenderás la diferencia...
Y algo interesante para aclarar sería que "el simio representa la involución del ser humano, y no el ser humano la evolución del simio"... o acaso ves por ahí a simios "evolucionados"? :shock:



Saludos

Metafísica del Sexo: Introducción. 1. Delimitación del tema

El título de este libro reclama una aclaración a propósito del término "metafísica". Emplearemos aquí esta palabra en un doble sentido. El primer sentido es bastante corriente en filosofía, donde por "metafísica" se entiende la investigación de los principios y de las significaciones últimas. Una metafísica del sexo será pues el estudio de lo que, desde un punto de vista absoluto, significan ya los sexos, ya las relaciones basadas sobre los sexos. Una investigación semejante cuenta con pocos precedentes. Una vez citado Platón, si hacemos abstracción de ciertas ideas posibles de encontrar en autores cercanos a la época del Renacimiento, de las teorías de Boehme y de algunos místicos heterodoxos inspirados en él, hasta Franz von Baader, hay que llegar a Shopenhauer, después del cual únicamente se puede mencionar a Weininger y, en cierta medida, a Carpenter, Berdiaeff y Klages. En los tiempos modernos, en nuestros días sobre todo, se han multiplicado endémicamente las obras sobre el problema de los sexos, considerado desde el punto de vista antropológico, biológico, sociológico, eugenésico y, finalmente, psicoanalítico; se ha creado inclusive un neologismo para designar semejantes investigaciones: la "sexología", pero todo esto tiene poco o nada que ver con una metafísica del sexo.
En este dominio, como en cualquier otro, nuestros contemporáneos no están interesados en la búsqueda de las significaciones últimas, que se toma por cosa vaga -y sobrepasada. Se piensa alcanzar algo más serio y más importante manteniéndose por el contrario sobre el plano empírico y más estrictamente humano, cuando la atención no se concentra en los subproductos patológicos del sexo.
Estas observaciones son válidas en gran parte también para aquellos autores de ayer y de hoy que han tratado del amor, más que del sexo en particular. Ellos se han mantenido esencialmente sobre el plano psicológico y sobre el de un análisis general de los sentimientos. Inclusive lo que escritores como Stendhal, Bourget, Balzac, Solovieff o Lawrence han publicado a este respecto, concierne poco a las significaciones más profundas del sexo. Por lo demás, la referencia al "amor" —dado lo que se entiende hoy principalmente por esta palabra, y dado el agotamiento de orden sobre todo sentimental y romántico en la mayor parte de las experiencias correspondientes— no podía sino provocar un equívoco y restringir la investigación a un dominio estrecho y más bien banal. Sólo contadas veces, y diríamos que casi por azar, ha habido aproximaciones a lo que se relaciona con una dimensión en profundidad, o dimensión metafísica del amor en sus conexiones con el sexo.
Pero, en este estudio, el término "metafísica" será tomado también en un segundo sentido, relacionado con su etimología, ya que, literalmente, "metafísica" significa la ciencia de lo que va más allá de lo físico. Sólo que aquí ese "más allá de lo físico" concernirá no a conceptos abstractos o a ideas filosóficas, sino a lo que puede resultar, como experiencia no solamente física, sino como experiencia transpsicológica y transfisiológica, de una doctrina de los estados múltiples del ser, de una antropología que no se detiene, como la de los tiempos más recientes, en el simple binomio alma-cuerpo, sino que conoce las modalidades "sutiles" e incluso trascendentes de la conciencia humana. Tierra ignota para la mayoría de nuestros contemporáneos, un conocimiento de este género constituyó parte integrante de las discipli-nas antiguas y de las tradiciones de los pueblos más diversos. De ella, extraeremos los puntos de partida para una metafísica del sexo, tomada en el segundo sentido: como constatación de todo lo que en la experiencia del sexo y del amor comporta un cambio de nivel de la conciencia ordinaria, "física", y a veces inclusive una cierta suspensión del condicionamiento del Yo individual, y la emergencia momentánea o inserción de modos de ser de carácter profundo.
Que en la experiencia del eros se establece un ritmo diferente, que una corriente distinta invade y transporta o suspende las facultades ordinarias del individuo humano, que se abren huecos sobre un mundo diferente, todo esto, en todo tiempo ha sido observado o entrevisto. Pero en quienes son los sujetos de esta experiencia falta casi siempre una sensibilidad sutil desarrollada de forma que puedan captar algo más que las simples emo-ciones y sensaciones que les sobrecogen; les falta toda base para orientarse en el acontecimiento en que se esbozan los cambios de nivel de que acabamos de hablar.
En cuanto a los que hacen de la experiencia del sexo un estudio científico, refiriéndose a otros y no a sí mismos, las cosas no van para ellos mucho mejor respecto al tema de una metafísica del sexo tomada en el segundo sentido. Las ciencias susceptibles de suministrar las referencias necesarias para la exploración de estas dimensiones potenciales de la experiencia del eros se ha perdido casi completamente. Por ello han faltado los conocimientos indispensables para identificar en términos de realidad los contenidos posibles de lo que es habitualmente tomado "de una manera irreal", reduciendo lo no-humano a prolongaciones exaltadas de lo que es solamente humano, de la pasión y del senti-miento, consiguiendo únicamente hacer poesía, lirismo, romanticismo idealizante y empequeñecerlo todo.
Con estas observaciones, tenemos a la vista el dominio erótico que podríamos llamar profano, que poco más o menos es el único que conocen los hombres y las mujeres del Occidente moderno, y que es el único también con el que se enfrentan los psicólogos y sexólogos de hoy. En las significaciones más profundas que nosotros indicaremos para el amor en general, y hasta en el acto brutal que lo expresa y lo concluye, en este acto en que, como alguien ha dicho, se forma un ser múltiple y monstruoso y en el que se diría que el hombre y la mujer buscan humillarse, sacrificar todo cuanto hay en ellos de bello (Barbusse), es posible que la mayoría no se reconozca y piense que se trata de interpretaciones nuestras arbitrarias y fantásticas, personales, de carácter abstruso y "hermético".
Las cosas pueden parecer así únicamente a quien tome por absoluto lo que en general él ve cada día a su alrededor o experimenta en sí mismo. Pero el mundo del eros no ha comenzado hoy, y basta con echar una ojeada a la historia, a la etnología, a la historié de las religiones, a la misteriosofía, al folklore, a la mitología, para darse cuenta de la existencia de formas del eros y de la experiencia sexual en que fueron reconocidas y tomadas en consideración posibilidades más profundas, en las que se pusieron suficientemente de relieve significaciones de orden transfisiológico y transpsicológico como las que nosotros indicaremos. Referencias de este género, bien documentadas y concordantes con las tradiciones de civilizaciones muy diferentes entre sí, bastarán para disipar la idea de que la metafísica del sexo sea una pura fantasía. La conclusión que se podrá extraer será muy otra; se llegará a decir más bien que, como por atrofia, aspectos muy determinados del eros han llegado a quedar latentes hasta resultar casi indiscernibles en la mayoría de los casos; que, en el amor sexual habitual, no subsiste de ellos más que leves huellas o indicios, de manera que, para hacerlos resurgir, es precisa una integración, una operación análoga a la que en las matemáticas constituye el paso de la diferencial a la integral. En efecto, no es verosímil que en las indicadas formas antiguas, a menudo sacrales e iniciáticas del eros, se haya inventado y añadido lo que no existiera en absoluto en la experiencia humana correspondiente; no es verosímil que se haya hecho de ésta un uso para el cual no se prestaba en modo alguno, ni siquiera virtualmente y en principio. Mucho más verosímil resulta que, con el tiempo, esta experiencia se haya degradado en cierto sentido, empobrecido, oscurecido y atrofiado en la gran mayoría de los machos y hembras pertenecientes a un ciclo dado de civilización, esencialmente orientada hacia la materialidad. Justamente se ha dicho: El hecho de que la humanidad haga el amor como lo ha hecho casi todo, es decir, estúpida e inconscientemente, no impide que su misterio continúe manteniendo la dignidad que le corresponde (1). Será inútil adelantar que, llegado el caso, ciertas posibilidades y ciertas significaciones del eros no sean testificadas sino excepcionalmente. Justamente estas excepciones de hoy (que, por lo demás, como `hemos dicho, se van a integrar en lo que, en otros tiempos, presentaba este carácter en un grado menor) suministran la clave para comprender el contenido potencial, profundo e inconsciente también de lo no-excepcional y de lo profano. C. Mauclair, aunque no teniendo en el fondo a la vista más que las variedades de una pasión de carácter profano y natural, dijo con toda razón que, en el amor, se cumplen los gestos sin reflexionar, y que su misterio no está claro más que para una ínfima minoría de seres... En la multitud innumerable de los seres con rostro humano, añadía, muy pocos son auténticos hombres y, dentro de esta selección, muy poco numerosos son los que penetran el sentido del amor (2). En este dominio como en otro, el criterio estadístico del número está desprovisto de todo valor. Se lo puede dejar para métodos vulgares como el empleado por Kinsey en sus bien conocidos informes sobre el "comportamiento sexual del macho y de la hembra en la especie humana". En una investigación como la nuestra, es lo excepcional lo que puede tener valor de "normal" en un sentido superior.
Partiendo de esto, se pueden ya delimitar los dominios sobre los que recaerá nuestro examen. El primer dominio será el de la experiencia erótico-sexual en general, es decir, del amor profano tal como puede también conocerlo un cualquier Armando o una Julieta cualquiera, para buscar ya en esta experiencia los "indicios intersticiales" de algo que, virtualmente, sobrepasa el simple hecho físico y sentimental. El estudio puede comenzar por una cantidad de expresiones constantes del lenguaje de los amantes y por las formas típicas de su comportamiento. Esta materia nos la proporciona ya la vida cotidiana; no hay más que considerarla bajo una nueva luz para obtener interesantes elementos indicativos de lo que se nos muestra como lo más estereotipado y banal.
Siempre dentro de lo que concierne a la fenomenología del amor profano, se pueden espigar otros materiales en la obra de los novelistas y los dramaturgos; es sabido que, en nuestra época, sus temas casi exclusivos han sido el amor y el sexo. En efecto, se puede admitir que, a su manera, esta producción tiene también un valor de testimonio, de "documento humano", porque, de costumbre, una experiencia personal realmente vivida, o al menos tendente a ello, constituye la materia prima de la creación artística. Y lo que ésta ofrece además, justamente por ser arte —en lo que hace sentir, decir o hacer a los diferentes personajes—, no se reduce siempre a ser una ficción o una fantasía. Por el contrario, se puede tratar de integraciones, de amplificaciones y de intensificaciones, donde se pone más distintamente a la luz lo que en la realidad —en la experiencia personal del autor o de otros— se presenta de una manera incompleta, muda o potencial. Desde este punto de vista, se puede encontrar en el arte y en la novela otro material a considerar, un material objetivo, y que a menudo concierne a formas ya diferenciadas del eros.
La búsqueda del material tropieza sin embargo con dificultades particulares en el aspecto de los datos que se relacionan con un dominio importante para nuestro estudio: el dominio de los estados que se desarrollan en los puntos límite de la experiencia erótico-sexual, es decir, durante la unión sexual. La literatura, en este punto, ofrece pocos elementos. Hasta ayer, existía el veto del puritanismo. Pero, en las novelas modernas más atrevidas, lo que es banal y vulgar prevalece sobre la rr•ateria eventualmente utilizable para nuestros fines. Ejemplo típico de ello es Lady Chatterley's Lover, de D. H. Lawrence, libro que, en este dominio, fue considerado en una cierta época como una especie de record.
Para recoger directamente material, se tropieza aquí con una doble dificultad, subjetiva y objetiva. Subjetiva, porque no ya con los extraños, sino inclusive con la respectiva pareja masculina o femenina no gusta hablar con exactitud y sinceridad de lo que se experimenta en las fases más exaltadas de la intimidad corporal. Igualmente, la dificultad es objetiva, porque estas fases corresponden a menudo a formas de conciencia reducida (y es lógico que, para la mayoría, ocurra así), hasta el punto de que ocurre a veces no solamente no recordar lo que se ha experimentado, sino inclusive lo que se ha dicho o hecho en tales momentos, cuando se desenvuelven en las formas más interesantes. En efecto, nosotros hemos podido constatar que los momentos culminantes, estáticos o menádicos de la sexualidad, constitu-yen a menudo soluciones más o menos profundas de continuidad de la conciencia de los amantes, estados de los que ellos vuelven en sí como agotados; o bien, lo que es simple sensación paroxística y emoción, lo confunde todo.
Gracias a su profesión, los psiquiatras y los ginecólogos podrían encontrarse en una situación bastante favorable para recoger un material útil, si supieran orientarse e interesarse por un tal orden de cosas. Pero no ocurre así. Con un buen gusto extremado, la escuela positivista del siglo pasado llegó a publicar fotografías de órganos genitales femeninos para establecer extrañas correspondencias entre las mujeres delincuentes, las prostitutas y las mujeres de los pueblos salvajes. Por contra, una recolección de testimonios de tipo introspectivo, al respecto de la experiencia íntima del sexo, no ha despertado, al parecer, el menor interés. De otra parte, cuando en este' dominio interviene una actitud con pretensiones científicas "sexológicas", los resultados son en general ensayos de una incompetencia más bien grotesca. Aquí, como en otros ámbitos, la condición previa para comprender una experiencia es, en efecto, saber uno mismo algo de ella. Havelok Ellis (3) ha hecho notar justamente que "las mujeres que, con seriedad y sinceridad, escriben libros sobre estos problemas (los problemas sexuales) son a menudo las últimas a las que habría que acudir como representantes de su sexo; las que saben más de ellos son las que menos escriben". Nosotros diríamos más: que son las que no escriben en absoluto. Y esto, naturalmente, es válido también en gran parte para los hombres.
En fin, a propósito del dominio del eros profano, incluso la más reciente disciplina que ha hecho del sexo y de la libido una especie de idea fija, el psicoanálisis, tiene muy poco valor para nuestros fines, como ya hemos dicho. Sólo en algún que otro extremo, podrá ella ofrecernos algunas indicaciones útiles. Sus investigaciones, en general, están ya desplazadas desde el punto de partida, a causa de los prejuicios de escuela y de una concepción absolutamente deformada y contaminadora del ser humano. Y aquí hay que decir que es justamente porque en nuestros días el psicoanálisis, mediante una inversión casi demoníaca, ha puesto de relieve una primordialidad sub-personal del sexo, por lo que es absolutamente necesario oponer otra primordialidad, ésta de carácter metafísico, y de la cual la otra no sería más que su degradación; este es exactamente el objetivo funda-mental de este libro.
Todo esto, pues, a propósito del dominio de la sexualidad ordinaria, diferenciada o no, que, como ya hemos dicho, no debe ser identificada sin más con cada sexualidad posible. En efecto, para nosotros hay un segundo dominio, mucho más importante, correspondiente a las tradiciones que han conocido una sacralización del sexo, un empleo mágico, sagrado, ritual o místico de la unión sexual, hasta incluso de la orgía, a veces en formas colectivas e institucionales (fiestas estacionales, prostitución sagrada, hierogamías, etc.). El material de que se dispone a este respecto es bastante vasto, y el hecho de que ofrezca un aspecto ampliamente retrospectivo no obsta nada a su valor. En este punto también, todo depende de tener o no tener los conocimientos adecuados para proceder a una interpretación exacta, no considerando todos estos testimonios como lo hacen casi sin excepción los historiadores de las religiones y los etnólogos: con el mismo interés "neutro" que se puede experimentar ante los objetos de un museo.
Este segundo dominio, con su fenomenología relativa a una sexualidad ya no profana, admite una separación que se puede hacer corresponder con la que existe entre el exoterismo y el esoterismo, entre las costumbres generales y la doctrina secreta. Aparte las formas, cuyo tipo más conocido está constituido por el dionisismo, por el tantrismo popular y por los diversos cultos eróticos, ha habido medios que no sólo han reconocido la dimensión más profunda del sexo, sino que también han formulado técnicas que a menudo tenían finalidades pura y conscientemente iniciáticas; se ha contemplado un régimen especial de la unión sexual para conducir a formas particulares de éxtasis, para conseguir una liberación de las ligaduras humanas y una anticipación de lo incondicionado. Para este dominio especial, también existe una documentación, y la concordancia bastante visible de la doctrina y los métodos en las diversas tradiciones resulta grandemente significativa.
Considerando estos diferentes dominios como las partes de un todo donde se integran y se aclaran unos a otros, aparecerán suficientemente demostradas tanto la realidad como el sentido de una metafísica del sexo. Lo que los seres humanos conocen habitualmente cuando se sienten atraídos el uno hacia el otro y cuando ellos se aman, será restituido al más vasto conjunto del que forma parte esencialmente. En razón de particulares circunstancias, este libro no representará apenas más que un ensayo. En otras obras, ya hemos tenido ocasión de hablar de la doctrina esotérica del andrógino, así como de las prácticas sexuales de la que esta doctrina es la base. Para la parte más nueva, que es la investigación en el dominio del amor profano, hubiéramos tenido que disponer de un material mucho más rico que, incluso haciendo abstracción de las dificultades indicadas más arriba, una contingencia estrictamente personal nos ha impedido recoger. De todas formas, esperamos que habrá aquí bastante para mostrar una dirección y para dar una idea de conjunto.
Notas a pie de página:
(1) S. Péladan, La Science de !'Amour (Amphitheátre des Sciences Mortes). París, 1911.
(2) C. Mauclair, La magie de l'amour.
(3) EHavelok Ellis, Studies in the psychology of sex, v. III, Philadelphie, 1909, p. VII.


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NotaPublicado: Dom Mar 27, 2011 5:42 pm    Asunto: Re: La Monogamia (primera parte)

Trascendente es para mi que alguien lo lea hoy y lo de por verdadero. Y lo vuelva a leer dentro de un siglo y lo siga dando por verdadero. Lo tuyo marcha a la deriva de los tiempos y sus Saberes. Para mí mi pequeño estudio cumple con esta primera regla. Podrá ser una teoría pero no son cuatro renglones; allí cito a varios autores como Parash, Beach y Murdoch. Que son científicos que se han dedicado al estudio del tema más extensamente que tus artículos. Eso sí me interesaría leer, por ahora son sólo referencias. Pero a mí me basta intuitivamente mi demostración.
Acá encontramos una gran perla referente a las palabras de Stephen Hawking sobre que la filosofía ha muerto, o por lo menos agoniza; los chimpancés comparten con nosotros el 99,5% del ADN. Hay quienes quieren incluirlo no sin razón (por lo menos para quien ha visto una reconstrucción completa del cráneo de un Homo habilis) en el taxón de Homo. Tienen conciencia, al verse en un espejo se reconocen y no sólo eso, se han hecho estudios que demuestran que saben que son ellos los que están ahí. La vieja conciencia de sí que sólo poseerían los hombres, queda así cuestionada. Además tienen otra gran cantidad de cosas en común que ya traté en mi estudio referentes a la sexualidad. Y si te fijas en mi otro tema, el de "la maldad y la violencia", encontrarás que la moralidad humana halla su continuidad en los primates y muy especialmente en los chimpancés. Allí refiero a la obra de Frans de Waal "Primates y Filósofos: la evolución de la moralidad del simio al hombre" También menciono la obra de Frans de Waal "La política de los Chimpancés" ¿Qué queda de "simios evolucionados"?

Saludos. Daniel


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NotaPublicado: Mar Mar 29, 2011 1:27 am    Asunto: Re: La Monogamia (primera parte)

Daniel

Bueno, tu concepto de lo que es trascendente, evidentemente, no tiene que ver en absoluto con lo espiritual... Citás autores de los que ni siquiera has leído nada?
Te basta "intuitivamente" tu "demostración"... pero qué demostraste? Estás hablando en serio?
Que un científico diga que la filosofía ha muerto, implica que ese científico está filosofando, no te das cuenta? O acaso Hawking "demostró empíricamente" tal postulado filosófico? :twisted:
El mono tiene conciencia decís... pasa que "conciencia" es "conciencia de sí mismo", y "Si mismo", no es lo que vemos en el espejo... comprendés la diferencia entre el mono y el ser humano? Un mono ciego sería un mono no evolucionado? jajaja
Vos decís que los simios evolucionaron? :shock:

Saludos


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NotaPublicado: Mar Mar 29, 2011 1:26 pm    Asunto: Re: La Monogamia (primera parte)

Nietzsche fué quien dijo que "Desde que conozco mejor el cuerpo, el "espíritu" es sólo una forma de expresarme"
Yo no le tengo fobia a la filosofía, simplemente creo que no es el método cognitivo que nos acerque a la verdad. Es anticuado; aunque reconozco que esté metido en la ciencia y por todos lados en la vida cotidiana.
Con respecto a los chimpancés o me expresé mal yo o vos no estás al tanto (y esto me parece lo mas probable) de la psicología y sus estudios.
Cuando un hombre se mira a un espejo, se reconoce; vale decir que sabe que es él quien está ahí. Esto es "Conciencia". Ahora bien, el hombre y también u chimpancé, sabe que es él quien lo sabe. Esto es "conciencia de sí"
Vos dijiste que si yo pensaba qué el hombre era un simio evolucionado; puesto que para vos el simio era una (¡¿?!) involución del hombre. Y sí, si supieras algo de biología humana No te sorprendería que una rama de los primates evolucionaron hacia el Hombre y otra hacia los Gibones que son los auténticos monógamos. Estoy seguro que con ellos te identificas plenamente. :lol:


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